VIVIR EN SILENCIO

Cuando he visto el enunciado de este escrito, no he podido más que reírme, porque todos los que me conocen, saben que soy habladora. Perdón, me presento, me llamo María García Palacios, soy viuda, tengo cinco hijos y nueve nietos. Hice el cursillo 1014 y pertenezco al grupo de poscursillo de San Miguel en Córdoba.

Mi vida ha sido siempre muy simple, y no por hacer el cursillo me cambió mucho de repente. En el cursillo reconocí una forma nueva de amar a Dios y fue amarlo en comunidad, apoyándome en los hermanos. Este tirar unos de otros cuando alguien flaquea, lo hice vida en mi querido grupo de San Miguel. 

Hice el cursillo después de una etapa muy dura de mi vida. No paré de llorar en esos tres días. El Señor sabía lo que me tenía preparado y por donde me tenía que ganar y así fue:

Me sedujiste Señor, por los afectos humanos

Poco a poco fui intimando con gente que iba al grupo y con ellos y su apoyo y cariño, fui cambiando mi vida. El Señor se valió de ellos y me fue dando esas “chocolatinas” espirituales para dulcificar mi vida y abriera el corazón para que entrara El.

Así fue, como fui adentrándome en la oración, en el servicio, y como siempre me han oído, me bajé de la cruz de la que estaba crucificada, para darle su sitio a Él, y yo quedarme abajo arrodillada. 

No dejo de darle gracias a Dios por valerse de estas personas, ya desde el cursillo, con Loli Castro, al salir con Lola Melgarejo que me llevo a San Miguel donde fueron llegando todos los demás.

Por mi edad, 74 años, nací y viví en un ambiente cristiano, estuve en un colegio de monjas y todo lo que me rodeaba hablaba de Dios. Era otro tipo de sociedad. 

Con trece años, conocí algo del carisma del Opus Dei, por medio de un sacerdote de La Obra, que por cierto, nueve años después, fue el que me casó. Durante muchos años fue el único modo de tener una vida más o menos cristiana. 

Mi primera hija nació con un problema de una parálisis y ahí, mi única forma de agarrarme a Dios, era la súplica para que la curara. Conocí, ya casada, a mucha gente de cursillos. Mi bloque era casi una casa de San Pablo. ¡Todavía recuerdo a Paco Martínez con su simpatía y su sonrisa! En casa de los Camacho, conocí a montones de personas y me atraía como entendían a Dios. La gran ayuda que me prestaban Luis y Loles, sin yo tener que pedirla… Yo veía, aparte del cariño, que ahí había algo mucho más grande y yo sabía que era Dios. Mientras tanto, yo vivía estresada, con muchas consultas médicas, operaciones y demás con mi hija, a lo que se sumó el cuidado de mi madre con Alzheimer y la lenta enfermedad de mi marido, el nacimiento de mi nieto, paralítico como su madre, empeorado con un retraso mental y… todos a mi cuidado. ¡Para volverse loca! 

Del trípode, me encantó la acción… Me lo pasaba bomba con estas personas, ayudando a preparar los contenedores para Bangasou, limpiando conventos, haciendo cocinas. Yendo en Navidad a visitar a las monjas con los reyes… Siempre fui activa y eso me daba vidilla. Pero hay que estar atentos y El Señor no sabía como frenar. Ahora lo entiendo. Mi acción estaba en mi casa, en lo oculto, en lo desapercibido, atendiendo a mi nieto Alfonso, estando más atenta a los otros hijos y nietos y me fue poniendo trabas para que me diera cuenta de que me quería de esa otra forma.

Actualmente, vivo más en adoración y contemplación que acción. No puedo ir a San Miguel, los horarios de rehabilitación de mi nieto me lo impiden, pero estoy feliz porque he sabido darle su sitio al Señor en este corazón ya cansado. 

Actualmente, pertenezco también a un grupo pequeño, de 16 mujeres, todas casadas, consagradas a la Trinidad, cuya misión es en silencio rezar por los sacerdotes y ejercer sobre ellos una maternidad espiritual. 

Mucho ánimo, que El Señor se merece todo y siempre da más que recibe. Ah que se me olvidaba una cosa muy importante. Hay que poner un cura en nuestra vida… Imprescindible. !! DE COLORES !!

Maria García Palacios – Cursillo nº 1.104

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Comentarios

  • Lourdes Bajo Aguilar
    28/11/2023

    Precioso testimonio. Nuestra Madre Maria te lleva de su mano. Un fuerte abrazo

  • M Nieves Villarejo
    27/11/2023

    Precioso testimonio. Me ha llegado al corazón.

  • Maria Jesús González
    27/11/2023

    Conocer a Maria García Palacios es una cocina fue todo un regalo de Dios.
    Hoy seguimos unidas en ese » grupito » de mujeres consagradas a la Trinidad,q rezan y ofrecen por los sacerdotes.
    Doy gracias al Señor por ponerla en mi vida.

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