Invisibles

el trípode: ACCIÓN 4D n108, marzo 2025.

Mi nombre es Lucía, tengo 46 años, y me considero una persona muy normal, una mujer del siglo XXI, que trabaja, estoy casada, llevo una casa adelante…, me considero una persona muy del mundo, y soy voluntaria de Cáritas desde hace un par de años. El culpable de todo esto fue mi hijo Ignacio, que es el pequeño de los tres que tengo. 

Una noche volvíamos de dar un paseo por el centro y cuando llegábamos a casa, había unos hombres durmiendo en la calle, con sus cartones, sus sacos, mantas o lo que tuviesen. Aún no dormían, y levantaron las manos pidiéndonos, diciéndonos algo, eran rumanos, y no los entendíamos. Entonces, agarré fuerte la mano de mi niño y caminé muy dispuesta mirando para arriba. Cuando los habíamos pasado, se volvió mi hijo y me dijo…. 

“¿Mamá, porqué ni siquiera has mirado a esos hombres? Es que los ignoras…. Para ti son como invisibles”

Entonces sentí que era el Señor el que estaba hablándome, a través de un niño de 7 años, porque estoy convencida de que el Señor se vale de personas o personajillos como en este caso, o de momentos o situaciones para decirnos cosas… 

Y sentí como me zarandeaba y me preguntaba qué testimonio de vida cristiana, qué testimonio de amor de Dios estaba dándole yo a mi hijo… y esas personas… que son hijos de Dios como tú y como yo… que sabe Dios qué circunstancias de su vida les han hecho llegar a esa situación. 

Y me di cuenta de que lo que intentaba inculcar a mis hijos con palabras, (o a mi familia, mis amigos, a todos los que Dios ha puesto a mi alrededor) era completamente opuesto a lo que mis gestos y mi actuar reflejaba. Y lo llevé a la oración. 

Y si mi ideal o mi meta en esta vida es llegar a ser santa el día que ya no esté aquí, que lo es o que pretende serlo, qué mejor modelo al que imitar que a Jesucristo. Y si para Él, sus predilectos eran los pobres, para mí también han de serlo. Así que me di cuenta de que yo tenía que hacer algo por ellos. 

Y no me bastaba sólo con la ayuda económica que, por supuesto es importantísima, sino que como os he dicho en mi presentación soy muy del mundo de hoy, y hoy, uno de los bienes más preciados que tenemos es el tiempo. Quería dedicarles el tiempo que muchas veces malgastamos…

Unos días más tarde, de vuelta de la reunión de mi grupo de poscursillo,  pasé por el mismo sitio con una amiga y ésta se paró con estos señores y vi como les hablaba con un cariño enorme, y los llamaba por su nombre, y les preguntaba cómo estaba de su enfermedad, o de lo que fuera, porque los conocía, sabía cosas de sus vidas. Entonces me dije… yo quiero esto para mi! 

Y fue ella quien me contó que existía un programa de voluntariado de Cáritas para personas sin hogar, lo de la UVI, la casa de acogida, etc. Ella llevaba un tiempo colaborando y me puso en contacto con los que llevaban este programa que me acogieron con los brazos abiertos, y desde entonces voy a ayudar con las cenas en la casa de acogida, o a echar una mano en el Ala de Baja Exigencia en la ola de frío, o en la UVI donde nos acercamos a esas personas que están durmiendo en la calle. Y me resulta enternecedor cuando descubres que lo que más agradecen no es el bocadillo o el caldo caliente que les llevas en las frías noches de invierno, sino que les dediques 5 minutos y charles con ellos, y les preguntes como tiene la pierna que tenía herida la última vez, o que te cuente cómo le va con las zapatillas nuevas que le regaló un vecino… o cualquier cosa que te quieran contar. Son personas que están solas y necesitan que alguien les sonría.

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