Palabra de consiliario 4D n108, marzo 2025.
A todos nosotros, como miembros del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, el Señor nos está pidiendo que mantengamos viva la actitud de “salir a los cruces de camino”. Ya nos recordaba San Mateo que “Jesús recorría todas las ciudades y pueblos, enseñando y proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia”. (Mt 9,35)
Proclamar el Evangelio, pero no sólo de palabra. Los dos discípulos de Emaús, aun inmersos en su confusión, decían: “Lo de Jesús de Nazaret, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo”.(Lc.24,13ss). Mateo antepone primero la palabra, luego, la sanación. Lucas antepone primero las obras y luego las palabras. No debemos hacer un problema del orden, pero sí resulta importante caer en la cuenta que “la palabra va acompañada de las obras, y las obras de las palabras”.
Misión bella y hermosa la de llevar por todos los caminos de la vida la Buena Noticia del Reino que nos trae Jesús, porque este es nuestro quehacer diario como discípulos: no “balconear” como nos dice el papa Francisco, sino recorrer caminos. No se trata de esperar a que nos busquen, que también, sino salir nosotros a buscar a aquellos que buscan. Hagámoslo anunciando y obrando; testigos y anunciadores.
Tomo textualmente unas palabras del papa Francisco: «Hay muchos modos de caminar». Está «ante todo el que no camina. Un cristiano que no camina, que no avanza, es un cristiano “no cristiano”, por decirlo así: es un cristiano un poco pagano, está allí, está inmóvil, no avanza en la vida cristiana, no hace florecer las bienaventuranzas en su vida, no hace obras de misericordia, está estático». Es más, «disculpadme la palabra, pero es como si fuese una “momia”, eso, una “momia espiritual”». Y «existen cristianos que son “momias espirituales”, estáticos: no hacen mal a nadie, pero tampoco el bien. Pero este modo de ser «no dará fruto: no es un cristiano fecundo porque no camina».
Los caminos son algo que hay para andar. Jesús nos dijo: “Yo soy el camino”; y también nos dijo: “el que quiera seguirme”. El mismo Jesús nos está recordando que “el cristiano es un caminante”. Y caminar es avanzar, es querer llegar. No se trata de pasarnos la vida inmóviles en los caminos, sino recorrerlos sabiendo que siempre nos llevan a alguna parte. Y cuando el camino es Jesús, este nos conduce, a través de amor a los hermanos, hasta el Padre.
La vida del discípulo de Jesús es caminar, salir a los cruces de camino, seguir caminando, porque siempre nos quedará camino que andar. Aunque la tentación sea fuerte, nunca te pares, nunca te detengas. “María se levantó y se puso en camino de prisa”… (Lc.1,39). ¿La tomamos como Madre y ejemplo?

