Una mirada a la Inteligencia artificial desde la Ética y la Responsabilidad

la OPINIÓN 4D n108, marzo 2025.

En la profunda revolución tecnológica que vivimos emerge con fuerza la Inteligencia artificial (IA), una tecnología disruptiva con un enorme potencial para transformar las empresas y la sociedad en su conjunto. Los algoritmos de inteligencia artificial permiten analizar y buscar interacciones entre grandes cantidades de datos, automatizar clasificaciones, automatizar predicciones, optimizar procesos o aprender patrones para generar contenido nuevo.

Más allá de este potencial en un entorno en el que la eficiencia y la automatización son protagonistas, la IA plantea también grandes desafíos que afectan a la honestidad y a la humanidad.

La IA correctamente utilizada, con transparencia, ética, situando a la persona en el centro, puede ayudar a generar confianza y autenticidad, pero no podemos negar que existen importantes riesgos. No estamos frente a una problemática exclusivamente tecnológica, la adopción de la IA debe respetar y reforzar valores, para potenciar lo mejor de nuestra humanidad. No sólo se trata, por tanto, de mitigar los riesgos y prevenir los daños, sino también de garantizar que sus aplicaciones se dirijan a promover el progreso humano y el bien común.

La Iglesia no permanece ajena a esta realidad y el pasado 28 de enero, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación del Vaticano publicaron conjuntamente la nota titulada «Antiqua et Nova«, que aborda la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana. Es un documento que ofrece una reflexión profunda sobre los desafíos antropológicos y éticos que plantea la IA en diversos ámbitos de la sociedad.

Existe un amplio consenso en que la IA marca una nueva y significativa fase en la relación de la humanidad con la tecnología, situándose en el centro de lo que el Papa Francisco ha descrito como un “cambio de época”. La Iglesia promueve los progresos en la ciencia y en la tecnología, viéndolos como parte de la «colaboración del hombre y de la mujer con Dios en el perfeccionamiento de la creación visible», de forma que, cuando nos preguntamos qué significa “ser humanos”, no podemos excluir también la consideración de nuestras capacidades científicas y tecnológicas.

Sin embargo, aunque la IA puede simular algunos aspectos del razonamiento humano y realizar ciertas tareas con increíble rapidez y eficacia, sus capacidades computacionales representan sólo una fracción de las posibilidades más amplias de la mente humana. La inteligencia humana no es meramente una capacidad técnica o instrumental, sino que está intrínsecamente ligada a la dimensión espiritual y moral del ser humano. Esta distinción es crucial para evitar atribuir cualidades humanas a sistemas que operan bajo algoritmos y programación.

Esta comprensión integral de la inteligencia subraya la responsabilidad ética en el uso y desarrollo de tecnologías avanzadas como la IA. Así, esta tecnología puede orientarse hacia fines positivos o negativos. Cuando se utiliza de manera que respete la dignidad humana y promueva el bienestar de los individuos y las comunidades, puede sin duda contribuir favorablemente a la vocación humana. Sin embargo, como en todas las esferas en las que los seres humanos están llamados a tomar decisiones, allí donde la libertad humana permite la posibilidad de elegir lo que es malo, la valoración moral de esta tecnología depende de cómo sea orientada y empleada.

«Antiqua et Nova» analiza las aplicaciones de la IA en sectores como la educación, la economía, el trabajo, la salud, las relaciones interpersonales y la guerra, identificando oportunidades y riesgos en cada área. Se reconoce que la IA puede ofrecer herramientas educativas avanzadas, pero se advierte sobre el riesgo de que los estudiantes dependan excesivamente de estas tecnologías. En el caso de la Salud, indica que aunque la IA tiene el potencial de mejorar diagnósticos y tratamientos médicos, el documento enfatiza que las decisiones clínicas deben permanecer bajo la responsabilidad de profesionales, preservando la relación médico-paciente. En las Relaciones Interpersonales, el documento alerta sobre el riesgo de afectar negativamente el desarrollo emocional y social, especialmente en niños, al reemplazar relaciones humanas auténticas. Otro aspecto destacado por el documento es el considerable consumo de energía y recursos naturales por parte de las infraestructuras que soportan la IA. Se expresa igualmente una profunda preocupación por el desarrollo de sistemas de armas autónomas, también por el riesgo de generar contenido falso o de manipular la información. En este sentido, es necesaria una correcta regulación de la IA y una llamada a la responsabilidad tanto colectiva como individual.

«Antiqua et Nova» concluye enfatizando que la IA debe complementar, no reemplazar, la inteligencia humana. Se advierte que una dependencia excesiva o una delegación inapropiada de decisiones humanas a sistemas de IA podría conducir a una forma de esclavitud tecnológica y a la idolatría de la técnica, sustituyendo a Dios y deshumanizando a la sociedad. Por lo tanto, se insta a gobiernos, desarrolladores y usuarios a implementar una supervisión rigurosa y a adherirse a principios éticos que aseguren que la IA sirva al bien común, respete la dignidad humana y promueva una convivencia justa y equitativa.

En definitiva, la Nota reflexiona sobre los desafíos y oportunidades que presenta la inteligencia artificial, llamando a una integración ética y responsable de esta tecnología en la sociedad contemporánea.

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