Id ahora a los cruces de caminos y llamadlos a todos II

Catequesis del lema del Curso 4D n108, marzo 2025.

¡Que alegría volver a vernos por nuestra revista 4º Día! Hace unos meses compartíamos la primera parte de nuestro lema Id ahora a los cruces de caminos, espero que fuera de provecho la reflexión, pero sobre todo que la hayamos hecho vida y estemos situados allí donde el Señor llevó a cada uno.

Ahora nos centraremos en la segunda parte “y llamadlos a todos”, aquí se me agolpan los interrogantes, vamos a intentar ordenarlos.

Compartimos en la primera parte del lema que era un mandato del Señor, con lo cual bajo esta premisa me planteo, que ese llamadlos a todos seguía seguíamos meros mandaos por el Señor, mejor dicho, que seguíamos siendo instrumentos del amor del Señor y que nosotros prestamos la voz para hacer llamada pero que quién llama es el mismo que nos envía, el Señor.

Esto puede parecernos una obviedad, o ahora que lo escribo a mi me lo ha parecido, pero… ¿Cuántas veces voy en nombre del Señor y es “mi yo” el que acaba llamando? Seguro que conscientemente no, porque si es conscientemente sería como comúnmente decimos de juzgado de guardia. Pero si el que llama es el Señor puedo dirigir la voz a un lado que me guste más, que me sienta más cómodo o que me olvide del “a todos” (aunque el “a todos” ahora hablaremos).

Soy consciente de que nadie es perfecto y que todos tenemos nuestras querencias, pero se me viene el versículo de Mateo: “Sed, pues, perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”. Aquí el Señor en el Sermón de la montaña, no hablaba de una perfección humana, sino de una perfección divina, referida al amor, la misericordia, la compasión… ¿No sientes que en ese llamar hay mucho más que una llamada a otros, sino que también hay una llamada a tu propia conversión?

Te puede parecer que entonces llamar a otros es más difícil de lo que pensabas, pero aquí sí tengo claro que como el que llama es Él, el que va delante es Él, que yo solo tengo que prestar mi voz (llena de dudas personales e inquietudes, pero con esta certeza bien clara) y dejarme llevar, pero no como una marioneta, sino libremente a buscar su voluntad.

Por otro lado, está el “a todos”, pero ¿este a todos es a todos? ¡A todos! Pero ¿también al que tiene estas circunstancias? ¡A todos! Pero ¿y aquel que le ha pasado esto y lo otro? ¡A todos! Creo que queda claro…

Podemos estar cayendo en la tentación de pensar que esa llamada es a hacer el cursillo o supongamos que es para hacer el cursillo, pero es algo inminente. Honestamente pienso que esa sería una mirada simplista o exageradamente cómoda, que nos llevaría a otro tipo de cuestiones que no vienen ahora mismo al caso. Ese llamar a todos seguramente en muchos casos, será en un principio a encontrar a alguien con quien hablar, en otros casos a mostrar una amistad, etc. en cualquier caso esa llamada está hecha para mostrar EL AMOR y el amor no tiene una única vía o no tiene por qué tener caminos inmediatos.

Puede abrumarnos el pensar cuantas personas a las que llamar o también el yo no sé cómo hacerlo, tengo la confianza en el que el Señor irá marcando el a quién, el cómo y el cuándo.

Porque la llamada universal de “a todos” no se puede quedar perdido en algo difuso, sino que ese “a todos” se concreta o se debe concretar en la persona, en ese alguien, que el Señor quiere. Recordad los Hechos de los Apóstoles en el que el Señor manda a Felipe al desierto (un lugar en el que no suele haber nadie) y pasa el Eunuco y es a ese uno al que el Señor quería tocar a través de Felipe (Hechos 8, 26-40).

¿Cuáles son tus todos “concretos”? sin lugar a duda, necesitamos vivir a la escucha continua del Espíritu para saber que quiere exactamente de nosotros.

Y hasta aquí, seguramente tengamos ocasión de volver a vernos pronto, a lo mejor, ¿Quién sabe? Nos veamos en nuestros cruces de caminos, llamándolos a todos.

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