Catequesis del lema del Curso 4D n107, noviembre 2024.
¿Por qué no es una urgencia radical en mi vida?
Como cada comienzo de curso nos encomendamos al Señor para seguir caminando, acogiendo un lema que nos ilumine y que nos haga profundizar en algún aspecto, que nos ayude a ponernos en camino de manera renovada.
Este año el lema es “Id ahora a los cruces de caminos y llamadlos a todos”, del evangelista S. Mateo, sin lugar a duda un texto, del que ha sido extraído el lema (Mt. 22, 1-14), para gustar como el Señor llama a participar en el Reino de los Cielos, como su llamamiento es universal y como aceptar la llamada requiere una actitud adecuada de conversión según la voluntad de Dios.
Pero centrémonos ahora en el marco concreto del lema de este año, un año que viene marcado por el Precursillo, invitación desde el Secretariado Nacional a, no solo a hacer Precursillo, sino a cambiar el chip, y vivir en “modo precursillo”, a ponernos a la escucha del Espíritu y con confianza seguir sus instrucciones, aunque se alejen de nuestros planteamientos, esquemas o consideraciones.
Para esta catequesis nos vamos a centrar en la primera parte del lema, “id ahora a los cruces de caminos” dejando el “llamadlo a todos” para una segunda catequesis, aunque la riqueza del lema es infinita y sin lugar a duda, podríamos hacer catequesis por cada palabra.
ID AHORA A LOS CRUCES DE CAMINOS
La palabra del Señor es una palabra viva y seguro que nos puede sugerir varias interpretaciones, pero ahora centrémonos en la que el movimiento desde el marco del precursillo nos quiere arrojar:
“Id”, imperativo, un mandato o una orden, quizá no haya que darle demasiadas vueltas, pero aquí se me ocurre un interrogante, ¿Quién se atrevería a dar una orden tan directa?
Es evidente que quien la da es el Señor, a lo que me refiero es que autoridad se le debe reconocer a quien da la orden para hacerle caso, quizá aquí debamos hacernos una primera pregunta, ¿le reconozco al Señor en mi vida esa autoridad para obedecer? Podemos caer en la tentación de responder de inmediato que sí, sería lo obvio, pero esto me recuerda a otro pasaje del Evangelio, también de Mateo (Mt 21, 28-32) en el que un hombre tenía dos hijos, al primero le dijo “hijo, ve a trabajar a mi viña”, el hijo le contestó “No quiero”, aunque luego se arrepintió y fue.
Luego se acercó al segundo y le dijo lo mismo, este le contestó “voy, Señor” pero nunca fue. ¿Cuántas veces en mi vida he actuado así? ¿Cuántas veces el Señor me habla alto y claro sobre cuál es su plan para mí pero yo no quiero aceptarlo o le digo al Señor “voy” pero nunca voy? Reconocer y asumir la autoridad del Señor en este “id” puede ser un termómetro en mi vida de cuál es, en verdad, mi amor a Dios. Seguro que muchos de nosotros no tendremos que esperar mucho para medir nuestra temperatura en el Señor.
“Ahora”, adverbio de tiempo, podemos interpretarlo como algo que está ocurriendo, o algo que debe ocurrir en el tiempo presente. En este caso, podemos encontrarnos personas que ya están yendo ciertamente, o quizás lo sentimos como una llamada urgente del Señor a mi vida. Esto implicaría dejar las cosas que estoy haciendo porque el Señor tiene algo más urgente para mí, “id a los cruces de caminos”.
Me vuelven a surgir con esta palabra nuevos interrogantes, ¿Realmente, ahora, lo voy a dejar todo para obedecer a mi Señor? ¿Qué es aquello que tengo que abandonar? ¿Acaso en el trabajo cuando nuestro jefe aparece con una tarea, circunstancia o problema urgente, y nos dice centrémonos en esto, nosotros acaso nos planteamos continuar con otras tareas?
Con el Señor parece que tengo otros ritmos. Bueno, dice id ahora, y me planteo que quizá esta llamada no es tan fuerte para mí como para otros o que “ahora” no es exactamente “ahora” y ¿Por qué no es una urgencia radical en mi vida? Quizá deba de plantearme que mi proyecto de salvación vaya por ahí, ahora es ahora y no hay más que el ahora.
“Los cruces de caminos”, directamente aquí me surgen preguntas, ¿Cuáles son los cruces de caminos a los que el Señor me manda? ¿Los tengo reconocidos? ¿Se cómo ir a los cruces de caminos? Tengo la sensación que me puedo quedar en lo poético de la expresión, quizá cuando el Señor hizo este mandato hace 2000 años, se reconocían los cruces de caminos como algo físico, pero yo… ¿Dónde voy?
Aquí podría quedarme y que cada cual buscara respuesta, pero por si sirve yo ofrezco pistas de por donde yo puedo ir… el primer cruce de caminos que yo puedo encontrarme puede ser interno, el cruce de caminos es personal, interno. Es si voy a ir o no voy a ir, mi corazón me hace responderle al Señor que voy a ir, pero mi yo me dice que para que voy a ir, ya he ido y no he conseguido nada, mi yo me dice que estoy mayor y ya a quien voy a llamar, mi yo me dice que por mi juventud puedo ser más productivo en otro lado, por supuesto, mi pereza, mi soberbia… pero esto ocuparía una catequesis muy extensa.
Si respondo ir, ¿haciendo donde me dirijo? Mi respuesta no implica andar mucho para encontrarme de bruces con estos cruces, ¿familia? ¿trabajo? ¿estudios? ¿ambientes? ¿Cuántos direcciones diferentes llevo con estos en mi día a día? ¿Con cuántos de mi familia llevo caminos diferente? Y yo me respondo, “y menos mal” pues ese es mi primer cruce de caminos, ¿acaso el Señor no quiere ser reconocido por ellos?
En mi trabajo, aquel compañero que se apropia de mi esfuerzo y mis logros, ¿acaso el Señor no quiere ser reconocido por él? Ese amigo, que finamente diremos que siempre está “haciendo la puñeta”, ¿acaso el Señor no quiere ser reconocido por él? Y sobre todo el gran interrogante que yo me hago, ¿Por qué aún yo no he hecho nada porque esa persona reconozco al Señor?
Como se dice en el cine, “continuará…”, ojalá que cuando volvamos a vernos en la revista 4º Día, tengas respondidas todas estas cuestiones y podamos decir, “Señor ya estoy en mis cruces de caminos, ¿ahora qué?

