Palabra de consiliario 4D n107, noviembre 2024.
Todos somos conscientes que la mies es abundante, que hay muchas cosas que hacer para que nuestro mundo y nuestros ambientes descubran que ha llegado el Reino de Dios; pero es posible que a veces prefiramos que sean otros quienes las hagan. Los buenos deseos, incluso la oración no son una especie de “mando a distancia” para que todo vaya mejor. Es necesario ponernos en camino.
Los caminos a los que Dios nos envía llevan a la felicidad; habrá siempre una cruz en ellos, pero al final siempre conducen a la plenitud mía y de muchos.
Al comienzo de su evangelio, San Lucas nos recuerda que “María se levantó y se puso en camino…” Una actitud llena de amor. Podría haberse quedado en casa, preparando el nacimiento de su Hijo o en las mil tareas que seguro la ocupaban. Pero en lugar de eso, se preocupa de quien la necesita en ese instante y en ese espacio de su vida; no olvidemos que es el “Ángel” quien le indica la necesidad de su prima y Ella lo entiende como llamada a servir. Y así nos pone de manifiesto que ya es una discípula de ese Señor que lleva en su vientre.
Dios no nos encierra en nosotros mismos, sino que nos abre puertas, nos levanta, nos capacita por medio de su Espíritu y nos hace estar disponibles.
Ponerse en camino es acercarnos a los demás y sentir sus necesidades. Pero primero es la presencia de Dios en nosotros, su amor llenándonos; luego esa presencia y ese amor nos ponen en camino hacia los que tienen necesidad de nosotros. Este dinamismo es obra del Espíritu Santo y es portador de alegría; además, el mismo Espíritu capacita para que el Poderoso haga obras grandes con los humildes y pequeños que nos fiamos de Él.
Llenarse de Dios, levantarse, ponerse en camino siempre nos conduce al encuentro con los otros, pero nunca obligados, nunca protestando o a regañadientes; porque el verdadero encuentro de amistad con el otro siempre comienza en un corazón generoso lleno de amor.
A ti y a mí se nos pide ponernos en camino para propiciar el encuentro de Dios con aquellos que lo buscan, y que es el único capaz de cambiar la vida. En ocasiones tal vez nuestros esfuerzos no den, aparentemente, la cosecha que esperamos, pero no olvidemos que Dios no nos pedirá una cuenta de resultados, sino de nuestra actitud de amor ante la realidad; y es que alguien debe preparar los ambientes; luego vendrán otros que podrán llegar más lejos; y Dios siempre está, siempre llega. Lo que importa es que unos y otros nos levantemos y abramos caminos, recorriéndolos, para que otros muchos puedan llegar a encontrarse con el Señor.
En María descubrimos la presencia de Dios que, en la persona de su Hijo, se pone en camino hasta los hombres; descubrimos que Ella misma se pone en camino; y nos invita a que tú y yo hagamos lo mismo y no permanezcamos sentados.

