¿Y si todos elegimos AMAR apasionadamente este mundo?

La voz de la presidenta 4D n109, noviembre 2025.

En este mundo rápido, impaciente, individualista, que aplaude el éxito y esconde el dolor, que se olvida del que sufre… Donde a veces, las pantallas no nos dejan mirar al mundo real y nos aislan, donde se grita mucho y se escucha poco, y hay tanto ruido, que a veces no podemos escuchar ni el latido del otro… ¿Qué pasaría si en medio de todo esto decidimos amar? Amar cuando todo invita a odiar, cuando lo fácil es pasar de largo y  cuando parece que es complicarse la vida…

Pero no hablo de un amor superficial, ni de frases bonitas que se dicen y se olvidan. Hablo de un amor apasionado, firme, valiente, incondicional, gratuito y radical. De ese amor que solo nace cuando en lo más hondo del corazón vive el Señor. Porque cuando uno se ha encontrado con Cristo, ya no puede mirar igual. El mundo, con sus luces y sus sombras, ya no es algo ajeno y se convierte en un lugar donde Dios nos espera.

¿Os imagináis lo que cambiaría el mundo si todos decidiéramos AMAR así? No desde la distancia, sino desde dentro, metidos en la vida real, con sus contradicciones, con sus gritos y sus silencios. Amar con los pies en la tierra y el corazón en el cielo. Amar como Jesús: Con ternura y sin miedo. Con los brazos abiertos y las manos dispuestas a servir.

No sé vosotros, pero yo no me siento llamada a cerrar los ojos ni a rendirme. Tampoco a quedarme al margen, quejándome desde la barrera. Siento que el Señor me pide amar, cuidar, acompañar. Estar… Ser fermento… Ser luz… Aunque me cueste y a veces los demás no me comprendan.

Porque amar hoy es una revolución. Amar este mundo es escuchar sin juzgar, acompañar sin prisa, tender la mano sin esperar aplausos. Es cuidar del otro, porque ahí está Cristo, esperando a ser amado. En esta sociedad tan necesitada de sentido y de verdad, el testimonio más creíble es el amor. El mejor regalo que le podemos hacer al mundo es vivir de tal manera que los que nos vean digan “Mirad cómo se aman”, como nos dice el lema de este curso, y quieran vivir igual.

Yo acepto el reto. Me comprometo a amar apasionadamente en lo cotidiano, en lo pequeño, en mi casa, en mi trabajo, en mi comunidad, en lo escondido… Donde nadie me aplauda, pero Dios me vea. No porque me parezca fácil, ni por costumbre, sino porque creo con todo mi corazón que el amor de Dios es la única fuerza capaz de cambiar el mundo.

¿Y tú… te atreves a AMAR este mundo como se merece?

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