«El amor siempre llega primero«
El martes 8 de abril celebramos en nuestra Casa de San Pablo nuestro ya tradicional Vía Crucis de Cuaresma, un momento especial dentro del camino hacia la Pascua. En esta ocasión, nos reunimos cerca de 300 cursillistas para rezar juntos, compartiendo un rato de encuentro con el Señor desde una mirada muy concreta: la de María, su Madre.
El Vía Crucis que vivimos no fue solo un recorrido por las estaciones del camino de la cruz, sino una invitación a recorrerlo con el corazón de su Madre, a mirar lo que ella miraba, a sentir lo que pudo sentir. A lo largo de las distintas estaciones, guiados por distintas reflexiones, revivimos ese camino hacia el Calvario no solo como un hecho del pasado, sino como una experiencia viva y actual, que se hace presente también en nuestras propias vidas.
Cada caída, cada encuentro, cada gesto fue un momento para reflexionar sobre nuestras propias luchas, sobre la fidelidad, el sufrimiento, la compasión y la esperanza. La figura de María nos acompañó en todo momento, como una madre que conoce el dolor, pero que no pierde la fe. En ella aprendimos a sostenernos en medio del sufrimiento y a mirar más allá, con esperanza.
La celebración estuvo acompañada con proyecciones y momentos de silencio que nos ayudaron a interiorizar cada estación. Culminamos el camino con la exposición del Santísimo, como signo de la Resurrección. Porque los cristianos no nos quedamos en la muerte, sino que creemos que la vida siempre gana. Y es ahí donde está nuestra diferencia y nuestra esperanza.
Terminamos con una idea que resonó con fuerza en todos, sencilla, pero aplastante: el amor siempre llega primero. Y es ese amor el que nos impulsa a seguir caminando, con María de la mano, hacia el encuentro con su Hijo.














