Un reencuentro con el Padre que me ama

   Me llamo Rosaura, soy de Priego. Estoy casada desde hace veinte años y tengo cuatro hijos. Hace cinco años que hice mi Cursillo y tuve la suerte de hacerlo con mi marido. Él, hasta entonces, no había sido «muy de Iglesia».

   Yo, ya conocía al Señor cuando hice el Cursillo. Me crié en una familia cristiana, estudié en un colegio de religiosas; aunque también he de decir que pasé algunos años alejada del Señor. Por aquel entonces, daba catequesis para niños en mi parroquia y, fue allí, donde conocí al cura que nos invitó a hacer el Cursillo a mi marido y a mí. Pasábamos un mal momento en nuestro matrimonio, y por eso nos invitó a hacerlo.

   Para mí, el Cursillo fue un reencuentro con Dios; un reencuentro con un Padre que me ama con locura y que a pesar de mis fallos y caídas, Él sigue contando siempre conmigo. Descubrí que ese Padre tiene unos planes para que yo pueda ser feliz y  que uno de esos planes era el que yo estuviera casada con mi marido.

   Los días que pasamos en esa bendita casa fueron un regalo del Señor y, como San Pedro en el monte Tabor, yo dije: Maestro ¡qué bien se está aquí! Pero llegó el cuarto día y tuve que volver a mi realidad y comprobé que era la misma que había dejado al subir al Cursillo: mi marido, mis hijos, mis problemas… todo seguía igual. Pero ahora, aunque mi vida seguía siendo la misma, yo llevaba unos recursos para poder vivirla con alegría y con la ayuda del Señor: oración, sacramentos y vivir mi fe en comunidad.

   La oración para mí es fundamental, pues, no puedo decir que conozco al Señor si no tengo trato con Él. Es a través de la oración como puedo conocer cuáles son los planes que el Señor tiene para mí y cuál es su voluntad. Con la oración puedo descubrir las maravillas que el Señor está haciendo en mi vida. En la oración puedo darle gracias al Señor por todos los regalos que me hace cada día. Uno de los regalos que nos hizo después de venir del Cursillo fue a nuestro hijo pequeño, Tomás (todos mis hijos son un regalo del Señor, pero éste nos lo hizo en un momento muy especial). Otro regalo, por el que doy gracias a Dios todos los días, es por el cura que puso en nuestro camino y que todavía hoy nos sigue acompañando para que podamos llegar a ser un matrimonio santo.

   Los sacramentos son muy importantes en mi vida de fe. Cuando dejo de ver al Señor en mi vida y en las personas que me rodean, me acerco al sacramento de la Penitencia para limpiarme del pecado que es el que me impide ver al Señor. En la Eucaristía me alimento para poder seguir creciendo como cristiana y para tomar fuerzas para mi vida diaria.

   Pienso que vivir la fe en solitario es imposible, por eso intento vivirla en comunidad. Para formarnos, nos reunimos un grupo de madres en el colegio de mis hijos cada quince días. Después de venir del Cursillo, mi marido y yo, nos incorporamos en un grupo de matrimonios en el cual intentamos ayudarnos, unos a otros, para ir creciendo como matrimonios cristiano. Sigo dando catequesis de comunión en mi parroquia. Desde hace un año nos reunimos un grupo de personas que hemos hecho Cursillos, animamos a otros para que también lo hagan y acogemos a los que lo hacen para que no se encuentren perdidos en su cuarto día. Desde hace poco tiempo también pertenezco a la Escuela de Cursillos, donde intento formarme para poder llevar a otros lo que a mí, un día, me dieron: al Señor.

   Después de mi Cursillo ha habido en mi vida momentos difíciles y momentos de desánimo, pero, con estos recursos, he salido adelante y puedo decir que con el Señor todo se puede. ¡De colores!

Rosaura Ceballos García
Cursillo nº 931

 

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