Gracias

   Son muchos los sentimientos que se me agolpan al mirar hacia atrás y repasar el camino andado en estos 34 años que hace de mi Cursillo, el 463. Sobre todo, destaca  el de acción de gracias al Señor por lo que ha ido haciendo en mi vida. Le doy gracias a Dios por mi Cursillo, porque fue lo que me sitúo en el punto de partida para vivir la vida desde Él  y así encontrar el secreto de una vida plena en cualquier circunstancia. Le doy gracias por formarme en la fe  a través del MCC. Le doy gracias por todas las personas que ha puesto en mi vida y que me han ayudado a tener experiencia de Dios, a conocerme y  a distinguir lo fundamental de lo accesorio. A ser consciente de que el amor a los demás, hecho realidad en  el servicio, en la disponibilidad,  en  el negar tus prioridades en favor de las necesidades de los demás, en una acción cotidiana y anónima que implica renuncia, es el auténtico y único  seguimiento de Cristo.

   En el MCC aprendí que cada circunstancia requiere un tipo de acción y de compromiso, que el prójimo es el más próximo y que los deseos de servir a la Iglesia no significan actividad y movimiento, sino estar donde te requieren y necesitan, morir un poco tú para que otros vivan.

   En el MCC aprendí la necesidad de estar presente en mis ambientes, porque así estaría presente la Iglesia y la manera cristiana de vivir y entender la realidad. Aprendí a comprometerme, con la palabra y el testimonio, para que Cristo y la Iglesia estuvieran presentes en ambientes que tratan de silenciar y relegar al ámbito privado todo lo que suene a fe. Sabía de la responsabilidad que entrañaba mi testimonio porque en mí se vería a la Iglesia por eso sólo me quedaba rezar, ser consciente de mis pecados y confiar en que el Señor llegaría a donde yo no llegara y arreglaría lo que yo estropeara.

   Todo esto, y mucho más, lo he aprendido por el testimonio de personas que el Señor  ha puesto a mi lado y de las que me he enriquecido. Personas a las que he observado y admirado, matrimonios a los que he deseado que José Luis y yo nos pareciéramos, y sacerdotes que han sostenido mi vida y la han guiado, a los que he tenido de referente y a los que nunca agradeceré lo suficiente el haber ayudado al Señor a modelarme.

   Todo esto hecho con la certeza de saberme un siervo inútil y lleno de miserias con el que el Señor se empeña y trabaja poniendo un sí, para que dé fruto, donde aflora un no desde lo más profundo de su hombre viejo.

   Por todo esto, Gracias al Señor, gracias al MCC, gracias Paco, gracias Manolo y gracias a tantos de vosotros que habéis compartido con José Luis y conmigo Cursillos, vida, penas y alegrías.

Mª Carmen Morales Villarejo
Cursillo nº 463

 

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