el trípode: ACCIÓN 4D n109, noviembre 2025.
En marzo de 2024 terminó mi excedencia paternal y regresé a la Escuela. Volver a San Pablo cada martes, a las sesiones de Escuela, volver a veros a todos y conocer a nuevos hermanos, me tenía entre nervioso e ilusionado. Pero lo que más me daba vueltas a la cabeza era “¿Qué quieres que haga, Señor? ¿Qué misión tienes para mí?”. En las sesiones de Escuela de esa primavera volví a recordar la importancia del acompañamiento durante el 4º día de las personas que habían encontrado al Padre durante el Cursillo, lo que se acompañaba con mi propia experiencia, durante mi periodo en el desierto lejos del Movimiento, de ver a personas que volvieron de San Pablo con el corazón ardiendo de amor y de lo cual, pasado un tiempo, ya sólo quedaba el bonito recuerdo de un fin de semana diferente. Pero nada más. Sentía que, siendo todos los tiempos importantes, para vivir hasta nuestro último día un verdadero 4º día, es importantísimo el acompañamiento en el poscursillo.
Y dándole vueltas a todo esto, el Señor actuó. Como siempre, de manera providencial, haciendo que el Movimiento me propusiera, junto con mi mujer, participar en el equipo de trabajo de un nuevo grupo de poscursillo. Y además en mi parroquia, no podía decir que no. Así, tras un Reaviva a principios de octubre de 2024, a las pocas semanas se inauguró el grupo de poscursillo de San Vicente Ferrer. Yo me sentía muy ilusionado, a la vez que abrumado por la responsabilidad que el Señor había puesto en nuestras manos de crear una nueva comunidad de hermanos en la que debíamos sembrar el amor, la confianza y el respeto de la que alguien algún día nos habló a todos en la charla de Comunidad. Era la respuesta a esa pregunta que me hice al volver a la Escuela: el Señor me quería en el 4º día de las personas, avivando esa llama que Él había encendido en sus corazones durante el Cursillo.
Dentro del equipo de trabajo el ambiente fue bueno y lleno de amor desde la primera reunión de preparación. Y eso que había alguno de apellido floral al que no conocía y al que incluso este curso he elegido para sanar su corazón. Había gente muy capacitada para hacer rodar la comunidad y eso me hacía sentir con mucha confianza y paz. El Padre, como siempre, allanaba mi camino y lo hacía fácil. El curso pasado transcurrió con muy buenas sensaciones, aunque también mucho trabajo. El núcleo inicial fue creciendo, en número y en amor, lo que esperamos que siga ocurriendo durante este nuevo curso.
Ahora afrontamos un nuevo año, con un nuevo Lema y nuevas reuniones, pero siempre cogido de la mano del Padre, sintiendo su amor.
