Descubriendo a León XIV

¿Quién es León XIV? Para los cristianos, el Papa es el sucesor de Pedro, un padre y un hermano que nos confirma en la fe. Pero también es una persona concreta, con una historia que ayuda a entender su manera de servir. León XIV se llama Robert Francis Prevost, nació en Chicago en 1955 y pertenece a la Orden de San Agustín. Es el primer Papa agustino y el primero nacido en Estados Unidos. Fue elegido el 8 de mayo de 2025 como el obispo número 267 de Roma, un día que muchos recordamos con emoción al ver la plaza de San Pedro en silencio y oración.

Su lema episcopal, que ha mantenido como Papa, dice en latín “In Illo uno unum”, en Él Uno somos uno. Es una frase de san Agustín que puede parecer sencilla y, sin embargo, lo explica casi todo. La verdadera unidad no nace de acuerdos fríos, nace de Cristo. Por eso, cuando León XIV habla de comunión, de reconciliación y de caminar juntos, no lo hace como un eslogan, lo hace desde un deseo de volver a la fuente, que es el Señor.

Antes de ser Papa, su vida estuvo marcada por dos amores, la familia agustiniana y la misión. Estudió Matemáticas en Villanova, continuó su formación teológica en Roma y en 1982 fue ordenado sacerdote. Muy pronto pidió ir a donde hiciera falta. Perú se convirtió en su casa durante muchos años. Allí fue formador, párroco en barrios sencillos, profesor de seminario y vicario judicial. Caminó con la gente, visitó hogares, celebró con comunidades que tenían poco, y aprendió a escuchar mucho. Ese contacto con la vida diaria de las personas se le nota todavía, habla con serenidad, no sube el tono, prefiere preguntar y entender.

Sus hermanos agustinos vieron en él capacidad de servicio y de unión. Lo eligieron superior provincial en Chicago en 1999 y, más tarde, superior general de los agustinos de 2001 a 2013. No dejó de lado la misión, al contrario, la amplió con visitas, decisiones y acompañamiento a comunidades de muchos países. En 2014 llegó a Chiclayo como administrador apostólico y en 2015 fue nombrado obispo. Desde esa diócesis costeña impulsó la formación de sacerdotes, el trabajo con jóvenes y la pastoral educativa. En 2023 el Papa Francisco lo llamó a Roma como prefecto del Dicasterio para los Obispos, un servicio discreto y decisivo, y ese mismo año lo creó cardenal.

Cuando los cardenales lo eligieron como Pedro, muchos vieron continuidad y novedad al mismo tiempo. Continuidad, porque León XIV se mueve en la línea de una Iglesia que escucha, sale, cura heridas y se deja guiar por el Espíritu. Novedad, porque trae al centro la tradición agustiniana de buscar a Dios en la interioridad, en la amistad verdadera y en la unidad que se construye con paciencia. Eligió el nombre León en memoria de León XIII, el Papa que abrió caminos en la doctrina social, como una manera de recordar que el Evangelio también ilumina la vida laboral, la economía y la cultura actual, hoy muy marcada por la tecnología.

León XIV conoce y ama América Latina. Pasó años en Perú, obtuvo la ciudadanía peruana y habla con naturalidad en español. Esa biografía entre continentes le da una mirada amplia. Puede conversar con un trabajador migrante, con una familia de barrio, con un científico o con un jefe de Estado. Le gusta tender puentes, y eso se nota en su forma de gobernar, prefiere la consulta, la escucha y las decisiones que suman. No busca titulares, busca frutos de vida cristiana.

¿Qué nos dice su historia a los que vivimos el cuarto día del Cursillo? Primero, que la unidad viene de Cristo. Si queremos ambientes cristianos, empecemos por cuidar la oración, la Palabra y la amistad en pequeño, en casa, en la parroquia, en el trabajo. Segundo, que la misión nace del encuentro personal. Él mismo lo aprendió en capillas humildes y en salones de clase, donde la Iglesia se hace cercana y familiar. Tercero, que la esperanza se contagia con gestos sencillos, una visita, una llamada, una mesa compartida, una palabra de consuelo.

Si miramos su escudo y su lema, vemos el corazón agustiniano y el libro de la Palabra. Es un recordatorio claro, la Iglesia vive de Cristo y se alimenta de la Escritura, y camina unida para anunciar la alegría del Evangelio. Que el testimonio de León XIV nos anime en Córdoba a vivir un cuarto día alegre y misionero, para que en Él, Uno, seamos uno, y para que muchos, a través de nuestra vida sencilla, descubran el rostro cercano de Jesús.

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