La Soledad en la pandemia.

En los tiempos que corren todos nos enfrentamos al aislamiento debido a la pandemia, pero esto es particularmente difícil para las personas mayores. Al volver al confinamiento, los ancianos se enfrentan nuevamente al desafío psicológico que representa estar en aislamiento.

¿Cómo afecta a los ancianos?

La soledad, ya desde antes del COVID-19, es una lacra de los tiempos modernos, una enfermedad silenciosa que nos acompaña, pero hoy en día queda agravada, incluso se duplica. No se permite la reunión con amigos y la familia, a pesar de su amor, visita mucho menos por temor a contagiar a la persona mayor el temido virus. No hay contacto, no se pueden dar abrazos a los adorados nietos. Y se une a la soledad, la ansiedad por el miedo a enfermar y morir y por el futuro incierto.

La soledad tiene efectos físicos en las personas, según investigaciones puede llevar a enfermedades cardiovasculares e hipertensión. Además, el aislamiento social es un factor de riesgo para el desarrollo prematuro de problemas cognitivos. Conduce a un deterioro de las capacidades cognitivas y puede desembocar en una demencia prematura. Socializar es extremadamente importante en los mayores, para mantener la calidad de vida y la salud mental.

Existe un estudio: Informe España 2020, editado por la Universidad Pontificia de Comillas, cuya lectura recomiendo encarecidamente. Este, quiere contribuir a la formación de la autoconciencia colectiva y ser un punto de referencia para el debate público sobre la realidad social española. Constata que vivimos en una sociedad con creciente soledad y despreocupación por los demás y advierte que el sentimiento de soledad se dobla entre los jóvenes que están más insatisfechos con la vida y tienen, a pesar de las redes sociales (aunque nos sorprenda) más aislamiento social que la media.

Las mujeres también están más marcadas por el aislamiento físico en sus hogares porque hay muchas viudas y otras muchas se encuentran exclusivamente dedicadas a las labores domésticas.

Otros grupos de personas, que sufren especialmente y no debemos perder de vista, son los separados/divorciados y las personas que están en desempleo. En ellos se acentúan los sentimientos de no importar a los demás y la falta de cariño.

Incluso el teletrabajo está haciendo que los individuos, en el ámbito laboral, se sientan más solos al carecer del calor de la relación presencial entre compañeros.

Ante este panorama, no debemos desanimarnos. En nuestro país, se han creado numerosas redes de apoyo para suplir las deficiencias que han generado este incremento de soledades, nutridas por generosos voluntarios. Esas redes han tenido diferente naturaleza. Algunas iniciativas fueron organizadas por vecinos que tejieron grupos de ayuda. Por ejemplo, el grupo Cuidados Madrid Centro (CMC) fue montado por nueve mujeres, que no se conocían entre ellas, que coordinaron un WhatsApp al que se incorporaron 250 voluntarios.

Otra red: Una médica cirujana del Hospital de la Princesa de Madrid, Cristina Marín, se propuso actuar ante la extrema soledad de los enfermos. Su propuesta era que la gente les escribiera cartas de apoyo y ánimo a los pacientes y ellos se responsabilizaban de hacérselas llegar.

Distintas entidades crearon servicios específicos para atender la soledad. El Teléfono de la Esperanza se encontró desbordado y abrieron una línea telefónica específica para atender las situaciones provocadas por la pandemia. El Ayuntamiento de Madrid puso en marcha el programa “Minutos en Compañía” en colaboración con Voluntarios por Madrid, la iniciativa Adopta un Abuelo y sostenido por varias compañías, que hicieron posible ocho mil horas de compañía. Un grupo de 100 voluntarios ofrecieron tiempo de relación a los más de 160.000 mayores que viven solos en Madrid y a todos aquellos ancianos que sufren aislamiento y un largo etcétera de iniciativas maravillosas.

Nosotros como cristianos que aplican en su vida el trípode, debemos actuar con especial sensibilidad ante las realidades que nos rodean, atendiendo telefónica y presencialmente a tantas personas que sufren tan cerca de nosotros. Ahí os he dejado pistas, cada uno que actúe según su generosidad y creatividad. Pasear con alguien, dar cháchara por teléfono, realizar la compra, reír con el triste.

 

Carmen Carrascosa.

 

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Comentarios

  • Carmen SUSIN Ramirez
    07/02/2021

    Carmen eres genial, has abierto ventanas para respirar sin la mascarilla que nos agobia y has hecho que veamos nuestro mundo real que nos necesita. Abramos nuestro gran corazón para llegar a cualquier rincón que nos está esperando. Gracias Carmen

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