Es imposible amarte y no seguirte

   Hace 43 años que hice un Cursillo de Cristiandad. Venía de una familia cristiana, con unos padres que me enseñaron a vivir desde Dios, y su lema era “lo que no quieras para ti, tampoco lo quieras para los demás”.

   Al salir del Cursillo fui conociendo, día a día, más a Jesús y al Padre en el Evangelio. Me enamoré de su palabra, descubriendo que Él era el camino, la verdad y la vida. Y  como tenia la certeza, que Él es la verdad, tenía ya los cimientos necesarios para  empezar a caminar poniendo a Dios en el  centro de mi familia, y juntos fuimos construyendo una casa sobre roca, donde el amor, tenía que ser el pilar de nuestras vidas.

   Un día a la semana, por la mañana, nos reunimos bastantes personas para leer el Evangelio, desmenuzarlo y hacerlo vida. ¡No os podéis imaginar, como nuestras vidas van cambiando!

   Desde que me levanto por las mañanas, estoy a su escucha en lo que Él quiere de mí, y son cosas tan sencillas como una sonrisa, un acompañar al que lo necesita, escuchar y animar al que esta triste, hablarle del Amor que Dios nos tiene al que no lo conoce. Porque, como dice la canción… “Es imposible conocerte y no amarte. Es imposible amarte y no seguirte…”

   La oración y la Eucaristía es mi alimento diario, y ahí descubro el desamor que he tenido durante el día con alguien, la pereza, el pecado de omisión, etc. En la Eucaristía le doy gracias por todo lo que me da y por lo que no me da, pues como Padre, sabe lo que me conviene, para que cada día me haga más hija suya.

   No se me olvida ningún día pedir por nuestros sacerdotes y darles las gracias por haberlos escogidos y a ellos por decir “Sí”. ¿Que sería de nosotros sin los sacramentos? ¡Como los quiero! Y, encima, he tenido el privilegio de Dios, que ha elegido a dos de mis nietos, que un día dijeron “Sí”  para que dentro de unos años sean también sacerdotes.

   Gracias Dios mío por mis hijos y sus matrimonios, por mis nietos, hermanos y amigos. Por la alegría y la paz que me das. Padre te pido que persevere hasta el final. Tenemos el tesoro mas grande el Padre, el Hijo y a nuestra madre María… Que nunca tengamos miedo. “De Colores”.

Conchita Ureña Núñez
Cursillo nº309

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