Sígueme

   El paso del Señor por nuestras vidas no es algo que suceda por casualidad, sino que es la causalidad de un Amor que nos supera. Haciendo relectura de mi Historia de Salvación, aquella que cada día ha escrito y escribe Dios conmigo, descubro la causalidad de Dios en mi vida. Hice mi Cursillo de Cristiandad hace siete años. Éste fue un inicio, una disposición a la escucha, una respuesta a la generosidad y a la gratuidad… Pero sobre todo fue un encuentro marcador con quien sabes que sustenta tu vida.  Después de mi Cursillo ya nada podía ser igual, porque cuando Jesús nos sale al paso, cuando fija su mirada en ti, y tú te dejas mirar, seducir y hacer… ya solo puedes, como dice un amigo mío, enamorarte de Él.

   Mi cuarto día no ha hecho nada más que empezar, todavía quedan muchas horas que llenar, muchos minutos para amar, y muchos segundos en los que experimentar la presencia de Dios en mi vida. En este mi cuarto día he aprendido a valorar la comunidad, inmenso don con el que nos bendice el Señor. No podemos ni debemos caminar solos.

   En la Delegación de Juventud me fui acercando a la oración (Liturgia de las horas, lectura de la Palabra, Ejercicios Espirituales, Retiros, “Oracionízate”…); la formación (reuniones de formación, preparación de campañas, conocimiento de la Biblia…); la acción (peregrinaciones, pascuas, encuentros, misiones juveniles, voluntariado, campamentos, JMJ, vigilias…); pero también empecé a vivir con intensidad los sacramentos, sobre todo la penitencia y la Eucaristía. Fue el Adoremus el lugar de encuentro privilegiado en el que vivir los sacramentos, la formación, la oración y la acción. Hay mucha vida en esa capilla que se ubica en el corazón  de cada joven que se acerca a los pies de Jesús Sacramentado para presentarle su vida y abandonarse en Él. El Señor ha ido preparando mi corazón, y un día me invitó a cambiar mi vida por la suya, a abandonarme por completo en sus manos, a dejarme hacer… a que le respondiera a una invitación: Sígueme. Me hice bastante de rogar, pero como me dijeron en el Cursillo, el Señor es todo un caballero, y sabe esperar pacientemente en la puerta  a que nosotros queramos abrirle. Así, entre esperas y causalidades, descubrí aquello que, hasta entonces, borrosamente podía leer: mi vocación.

   En mi cuarto día, continúo discerniendo la voluntad de Dios sobre mí: en mi vida de postulante en la congregación de Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación, en mi relación con mis hermanos, en la intimidad de la oración, en mi ser pobre instrumento de Dios para los demás, en el portar el consuelo y la misericordia que me son regaladas cada día… en hacer de mi vida una Acción de Gracias por tanto don que gratuitamente recibo de mi Señor.

   “Quien llega a probar cuan dulce es Dios, no puede dejar el suave ejercicio de caminar en su presencia”   (Santa Mª Rosa Molas)

 Mª de los  Ángeles González Luna
Cursillo nº 906

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