Arturo: Dios y yo, mayoría absoluta.

 

Hola, soy Arturo y la semana pasada hice el cursillo de cristianad 1104.

Si tuviera que explicar de forma sencilla lo que este cursillo de cristiandad ha sido para mí, sería que por fin he entendido por que el hijo mayor de la parábola del hijo pródigo está equivocado. Me explico.

Pertenezco a una familia cristiana, y desde chico siempre había estado metido en cosas relacionada con la Iglesia y se ha hablado de religión en mi casa. Con esto no quiero decir que mi fe sea la que me han inculcado mis padres, si no que en mi casa siempre ha habido el clima perfecto para que naciera en mí unas creencias, que alimentan mi fe, una fe consciente y creciente. Con mis más y mis menos nunca me he considerado una persona no creyente; pero algunas veces se me olvidaba de que Dios seguía conmigo, que nos seguía mimando y estando con nosotros. Y precisamente eso es lo que he descubierto en este cursillo.

Conforme iban pasando los días fui viendo como personas que directamente negaban a Dios el primer día, poco a poco se iban acercando a Él, cómo nos íbamos planteando nuestra vida e iban apareciendo las respuestas según la providencia iba mandando, cada uno en el momento adecuado; volviendo así a Cristo (que es un caballero, siempre te está esperando en la puerta).

Me quedo también con muchas frases y testimonios que se fueron soltando a lo largo del cursillo. La que más me marcó y la que más me aplico es “no puedes amar lo que no conoces”, aunque también quedaran en mi corazón la teoría de las puertas, las historias y los testimonios contados. Pero sobre todo me voy sabiendo que Dios existe, que está con nosotros día a día esperando en la puerta de nuestro corazón, esperando a que nosotros le abramos, que sólo necesita que nosotros pongamos ese casi nada para que Él ponga ese casi todo.

Porque “Dios y yo mayoría absoluta”.

Arturo. Cursillo 1104.

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