Antonio Reyes, misionero en Perú

Antonio Reyes, misionero en Perú

Hoy me piden a mí unas líneas y un testimonio desde la distancia que verse sobre la importancia de la misión en la vida de la iglesia y cómo la vivo yo, sacerdote diocesano después de 22 años de ministerio.

Después de casi 15 meses de mi traslado a la selva amazónica del Perú en la provincia de Picota en la región de San Martín en la Prelatura de Moyobamba puedo decir que en esta etapa de mi vida el Señor me está bendiciendo de una manera muy especial en mi ministerio sacerdotal. A mí la misión me está reeducando en mi manera de mirar, de escuchar de poner el corazón en el ejercicio del sacerdocio, de vivir la caridad pastoral de una manera diferente.

Muchas personas te ven como un superhéroe, que dejando familia amigos y comodidades del primer mundo, se marcha a tierras lejanas para anunciar el Evangelio. Aquí el único superhéroe es el señor. Y los únicos que son digno de elogio son aquellos cristianos que necesitan de los brazos de Sacerdotes para seguir fortaleciendo su vida de Fe. Para mi, héroes son todos hermanos míos sacerdotes que en el silencio callado de su día a día se gastan y desgastan por el evangelio sin que los periódicos se hagan eco de su misión.

Dios nos ha bendecido con muchos héroes anónimos tan cercanos a nuestras vidas que sostienen nuestra vida de Fe y que pasan desapercibidos. Cuando me preguntan que ha cambiado en mi vida tengo que decir que ha cambiado todo. Porque ciertamente las dificultades son muy distintas a las que uno se encuentra en otros lugares del mundo. Pero eso no significa que la misión sea distinta. Aquí la misión también es alentar en el crecimiento de esa llamada que el señor nos hace a todos a ser los santos de este nuevo milenio.

Ciertamente los caminos, las inclemencias del tiempo, las incomodidades, la falta de recursos, y un largo etc. hacen que el día día sea más difícil que en el mundo europeo. Pero aquí no hay héroes. El verdadero héroe es aquel que se toma muy en serio su vida cristiana de Fe; Que sigue haciendo que la fe cada día nos transforme en otros cristos en medio de este mundo. El día a día de la misión poco varía de lo que es la vida sacerdotal en cualquier parroquia de nuestra querida Córdoba. Atender llamadas, atender personas, celebrar Sacramentos, predicar el evangelio, reuniones de formación y alentar la vida de fe de muchísimos personas que viven en caseríos distantes y apartados y a los que se hace muy difícil acceder es nuestra misión.

Hay comunidades cristianas que están comenzando a celebrar la eucaristía después de tres años cuando los sacerdotes podemos acercarnos con muchas dificultades hasta esas zonas especialmente apartadas y de difícil acceso. Y ahí uno se da cuenta de el gran privilegio que supone vivir en ciudades y pueblos donde todos los días se celebran, no una, sino muchas eucaristías. Y ahí uno se da cuenta también de la importancia de vivir constantemente en gracia de Dios, porque cuesta muchísimo trabajo poder recibir el sacramento de la penitencia y con él la caricia misericordiosa De Dios que te hace de nuevo por medio del perdón. Realmente el Señor nos ha bendecido con cantidad de medios a nuestro alcance que deberíamos de aprovechar con muchísima más intensidad para vivir nuestra vida de Fe. Y cuando uno se mete en la misión percibe con tristeza la enorme desproporción que hay entre los medios que tenemos a nuestra disposición en occidente y la falta de medios sobrenaturales que faltan en estos rincones del planeta por falta de misioneros.

Parece mentira que en pleno siglo XXI siga habiendo lugares donde conocer a Jesucristo, recibir a Jesucristo en la eucaristía, crecer en la vida de fe sea casi un privilegio reservado aquellos que tienen la suerte de que el sacerdote los visite con mucha frecuencia A mí la coherencia, la integridad, la fidelidad y la constancia de tantos cristianos que viven sencillamente su fe me denuncian y me invita también a aprovechar muchísimo más todos los dones con los que el Señor ha querido bendecir mi vida.

Como sacerdote me siento especialmente bendecido por el Señor, porque Jesucristo sigue reclamando un sí total de mi pobreza para que el con su sí “grande y eterno” pueda seguir acercándose a la carne herida de tantos hombres cuya mayor pobreza es la de tener medios precarios para vivir su fe. Aquí la pobreza es diferente, aquí en la pobreza de recursos y de medios tecnológicos es grande, aquí las distancias son muy extensas, aquí el recrudecimiento por las amenazas de tantas sectas hace mucho daño a la fe sencilla de gente con una educación muy básica.

Aquí la falta de estabilidad familiar es uno de los grandes problemas, la educación precaria y extremadamente básica hace que las jóvenes generaciones no puedan competir con la educación que se da en otros lugares, aquí la falta de recursos sanitarios y económicos hace que exista un banco de pobreza impensable en pleno siglo XXI, … Pero aquí todos esos problemas que forman parte del día a día no impiden que siga habiendo gente sencilla que necesita y reclaman instrumentos religiosos que sean cauce de la gracia De Dios para su vida. Y este es el gran privilegio de la misión: comprobar cada día como el Señor quiere usar de tu “pobre vida” para seguir haciendo esos milagros que pasan desapercibidos; de hacer presente el evangelio en los rincones más olvidados del mundo “por medio de instrumentos insuficientes y precarios”.

Por eso cada celebración es muy gratificante porque se vive con mucha intensidad. Por eso cuando se preparan para recibir los sacramentos aquellos que viven en lugares tan recónditos uno ve la voluntad sincera de quien anhela profundamente tener más oportunidades de profundizar en la vida de fe y de renovar la gracia del encuentro personal con el Señor. En nuestra escuela de cursillos siempre decimos que la vida con el Señor se vive de colores, porque vivir en gracia supone vivir con la confianza en el Dios que nunca nos abandona y que sostiene nuestra vida. Todos esos dones a los que nosotros nos acostumbramos a vivir con normalidad aquí se hacen especialmente “Momentos de gracia que solamente se pueden vivir en momentos puntuales del año”.

Por eso nuestra responsabilidad para con estos hermanos nuestros que carecen de tantos medios religiosos para vivir su vida de Fe se hace más acuciante. Varias ideas me gustaría compartir con cada uno de vosotros que hoy os convertís en lectores anónimos de estas líneas: en primer lugar, urge recuperar la intensidad de nuestra vida de fe porque el señor no deja de bendecirnos con medios a los que tenemos fácil acceso y que otros hermanos nuestros no pueden tener, para vivir un camino serio en santidad. En segundo lugar, debemos recuperar la urgencia de la vocación misionera de todo cristiano por su bautismo; no me cansaré de decir que “Hay algo para lo que te quiere el Señor en este mundo que si tú no lo haces se queda sin hacer”, pero que si tú no lo haces también perjudica a otros hermanos nuestros que a través de la pobreza de nuestra vida -mediante el testimonio de fe- El señor querría hacer y no puede hacerlo porque no cuenta con la generosidad y entrega de nuestros corazones mediocres.

En tercer lugar, Dios nos pedirá cuenta de esos talentos que hemos guardado por cobardía o por comodidad y no hemos puesto en ejercicio para que el Reino de Dios avance al paso torpe de nuestros pies. El Reino de Dios reclama corazones generosos que estén dispuestos a vivir con gran coherencia la santidad y que estén a total disposición de Jesucristo para que en la vocación particular de cada uno hagamos posible que el Reino de Dios sea una realidad para todos. Por último me gustaría hacer un llamamiento a todos para que redescubramos La gran suerte y fortuna de vivir instalados en el Sí grande de un Dios que nos ama con un amor desproporcionado y que nos invita a regalarle por completo nuestra pobreza para dejarle que nos use como instrumentos en sus manos.

Volvamos a galilea. Volvamos a la frescura de redescubrir la grandeza de un Dios que sale a nuestro encuentro. Volvamos a la fortuna que supone desempolvar el amor primero que dios nos tiene. Volvamos a Galilea para recomenzar en ese camino de santidad en el que Jesucristo quiere que retomemos la frescura de nuestra vida de Fe. Volvamos a Galilea para empezar con nuevos ánimos la misión de hacer presente a dios en nuestras vidas. Un abrazo muy fuerte a todos y !de colores!

Antonio Javier Reyes Guerrero. Sacerdote Diocesano de Córdoba de misión en Perú.

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Comentarios

  • Padre q grande eres hay q haberte conocido para saber la sencillez y lo amable q eres El Señor se vale de personas como tu para hacer un mundo mejor Gracias x tu labor y tu dedicación plena a dar el amor De Dios

  • Rafael Muñoz Ariza
    10/12/2021

    Muchísimas gracias por la entrega de tu vida el Señor te lo premiará

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