EL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD EN SUDAMÉRICA.

Los jóvenes que, a fines de los años cuarenta, luego de una larga y dedicada preparación, peregrinaron a Santiago de Compostela, no sabían que el Espíritu Santo aprovecharía los frutos que de ahí resultaban para germinar algo nuevo en la Iglesia… Lo nuevo era una semilla capaz de producir un árbol frondoso en el que pájaros de aquí y de allá pudiesen abrigarse… Y como un carisma es siempre algo grande, dado a personas que, desde siempre, sabrán que dicho carisma no les pertenece, pero debe ser desarrollado para el bien de la Iglesia, ni Mallorca, ni España serían su “destino final”: por lo contrario, serían los cauces para que, el fruto del árbol, el Movimiento de Cursillos de Cristiandad, llegara lo más lejos posible…

Un sacerdote colombiano que conoció los Cursillos en España decidió llevarlos a su país y, en el proceso de adaptación natural, se permitió hacer sus primeras experiencias con “mujeres jóvenes”, creando así el primer cursillo femenino del mundo… Esto pasó en 1953, lo que significa que la acción del Espíritu Santo no se pauta por convenciones cualesquiera que sean… ¿Estarían los cursillos de hombres (después de cuatro años de nacidos) preparados para la novedad de los cursillos para mujeres? Probablemente sus dirigentes dirían que no… Ni siquiera pensaba el sacerdote colombiano que inauguraba con su iniciativa la “fidelidad creativa” que hoy nos es tan cara…

El MCC caminaba rápidamente en tierras latinoamericanas y, en 1961, se crea en México el primer Secretariado Nacional… Y en 1970, también en México, se crea la OLCC – Oficina Latinoamericana de Cursillos de Cristiandad que sería el embrión de los futuros Grupos Internacionales.

También en Colombia se dio, en 1968, el Primer Encuentro Latinoamericano, donde se creó la definición actual del MCC, ¡la que nos identifica como un “movimiento de Iglesia”! Somos movimiento, por eso el dinamismo nos caracteriza y nos permite dar respuestas actualizadas a las preguntas de los hombres y mujeres de este siglo que, sin saberlo, son los destinatarios da la Evangelización, misión primera de la Iglesia. La misma definición describe nuestro carisma: ser un movimiento de Iglesia, tener un método original, llevar a un encuentro personal con Cristo y con los demás, ayudar sus integrantes a descubrir su propia vocación y hacer de ellos fermento del Evangelio en sus ambientes.

La historia del MCC en Latinoamérica muestra que el Espíritu sopla donde quiere. Dicha historia se confunde con la historia misma de la Iglesia en este continente. En estas latitudes, la fe que llegó con los colonizadores fue adquiriendo sus colores propios y tiene hoy la cara de todas las razas – las que ya estaban, las que vinieron, las que aquí se desarrollaron.

El Movimiento de Cursillos, como la Iglesia, recibe la influencia de los signos de los tiempos, de las alegrías y esperanzas, de los dolores y de los problemas que afectan los pueblos de sus tantas naciones. A momentos de grande y profundo desarrollo, siguen otros de resfriamiento e inactividad. Así son las obras de las que se hacen cargo los hombres y mujeres llenos de ideales, pero también sujetos a la idas y vueltas de la vida…

El mismo Espíritu Santo que inspiró nuestro carisma y sigue velando por su permanencia como instrumento de evangelización, decidió en buena hora que de este mismo continente debería salir “el Pastor escogido según el corazón del Señor” (Jer 3, 15), para dirigir la barca de Pedro en estos tiempos difíciles…

El Pastor que los Cardenales fueron a buscar en el fin del mundo, se formó en la Iglesia que se alimentó de las magnificas conclusiones del Concilio Vaticano II. La Iglesia de este hemisferio es dinámica, osada, llena de iniciativas, corajosa, no tiene miedo de afrontar lo que se cristalizó como tradición pero nada dice al mundo de hoy. Y es a esta Iglesia que el MCC de Latinoamérica pertenece – como movimiento que tiene una visión muy clara de la necesidad de reinterpretar permanentemente su carisma propio,  y solamente cumplirá su misión siguiendo el camino de una Iglesia en salida.

Maria Elisa Zanelatto

noviembre de 2021.

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