Todos necesitamos formación para ser Iglesia en Salida

el trípode: FORMACIÓN 4D n107, noviembre 2024.

En el Congreso de Laicos de 2020 se planteó un itinerario sobre los procesos formativos, hablando de “La formación de los laicos para ser una Iglesia en Salida”. En una charla muy interesante, se recogían varias ideas acerca de la formación.

Se destacaba que cada cristiano, en tanto que bautizado, es misión, ungido por el Espíritu Santo, con unos dones para poner al servicio de la Iglesia, y es necesario discernir desde la formación cuáles son esos dones para cada uno. Destacaba la “necesidad de una formación más plena, más auténtica y propia de la vocación laical”.

Eso requiere una “fe madura”, no erudita ni perfecta, pero sí madura, encajada en la propia vida. Desde esa fe madura podremos ser Iglesia en salida, al conocer y proponer nuestra fe, y atento a los signos de los tiempos. Desde la inculturación de la fe.

De todo esto se deducen dos puntos fundamentales: todos necesitamos formación para ser Iglesia en Salida, y segundo, la formación debe ser personalizada, según las circunstancias personales y el campo de misión.

Y se lanzaban unas pistas que ayuden a personalizar qué formación necesito:

  • Silencio. Sin silencio no hay profundidad, no hay encuentro con uno mismo, con Dios, ni con el mundo de hoy.
  • Oración. Sin oración la fe se vuelve mortecina.
  • Lectura. Sin lectura, un programa de formación está cojo. Lecturas de vida y lecturas formativas.
  • Revisión de vida y contraste. La formación es una misión personal, pero también comunitaria, es necesario contrastar con “otros”.
  • Discernimiento. Descubrir qué formación necesito para ser apóstol, para vivir mi fe de modo maduro.
  • Permanente. Debe ser un proceso continuo de crecimiento en la fe.
  • Eclesial. La formación me debe hacer crecer en sentido de pertenencia, eclesial.
  • Profética. La formación debe ayudar a transformar mediante signos la realidad según el evangelio.
  • Personal. Debe potenciar mi vida cristiana, mi vocación cristiana.

Así podremos ser misioneros laicos que anuncian a Cristo desde la vida.

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