Vivimos y compartimos nuestra fe

   Nos pedían un testimonio y, el mejor que podemos dar, es el de nuestra fidelidad y compromiso que un día adquirimos cuando, cada uno por su lado y en su momento, hizo EL CURSILLO DE CRISTIANDAD.

   El Cursillo, nos descubrió a ese Padre Misericordioso, Bondadoso…, que siempre está y nunca pide, solo espera paciente a vernos venir. Y de ese Hijo, Jesucristo, que se sirve de esas personas que nos rodean para que descubramos cuán grande es su Amor y que, muy despacito, te va diciendo que TÚ ERES EL SUEÑO ETERNO DE SU CORAZÓN.

   Nos llamaron para formar parte de la Escuela a cada uno en su momento. Y Dios nos tenía preparado un gran regalo: conocernos y comenzar a caminar juntos, pero ahora como pareja cristiana. Hicimos un Cursillo juntos y no os podéis imaginar lo que esa vivencia supuso para nosotros. Saber que los dos estábamos juntos en esta batalla y que, al frente, ambos teníamos claro que siempre estaría Cristo. Un Cristo roto, sin brazos, y que necesitaba de nosotros para seguir adelante.

   Por problemas familiares tuvimos que desligarnos de la Escuela durante dos años, pero asistíamos a las clausuras  y demás actos siempre que podíamos. Y luego, vinieron los niños: dos niños que se han convertido hoy en día en unos buenos “hombrecitos”. Nuestro hijo mayor David, de quince años,  se comprometerá este año un poco más con la Iglesia a través de su Confirmación; y nuestro hijo Alberto, el pequeño de 11 años, va a la escuela de monaguillos de San Nicolás, donde aprende todo sobre la Eucaristía. También en su colegio están en el Movimiento Calasanz de Córdoba.

   En enero del 2006, D. Antonio Evans nos llamó como familia a formar parte de la Delegación de Misiones en la Diócesis de Córdoba. Y allí estamos desde entonces.

   La Delegación de Misiones está encuadrada en la pastoral misionera de la Diócesis de Córdoba, pero depende de Obras Misionales Pontificias. Se divide en vicarías: Córdoba, Sierra, Valle y Campiña. Nosotros estamos en la vicaría de Córdoba, con Chelo, al frente y mucha más gente que también en su día formaron parte del Movimiento de Cursillos y que todos llevamos muy dentro. Todos los viernes nos reunimos en la Delegación de Misiones. Comenzamos con la Eucaristía que es origen y fin de cualquier grupo cristiano. Y luego en cada vicaría, bien trabajamos las distintas campañas o algún tema de interés para nuestra formación. Ahora, por ejemplo, estamos con el Catecismo.

   Desde aquí, vivimos y compartimos nuestra fe, y el compromiso en una comunidad que nos ayuda a vivir, a crecer y a sentirnos parte de esa Iglesia que todos formamos y que el día que hicimos nuestro Cursillo tomamos conciencia de ello. Porque solo no se puede, la fe como Jesús nos enseñó hay que vivirla en comunidad, sólo nos salvamos en racimo.

   La Delegación de Misiones, tiene tres campañas: Domund en octubre, Infancia Misionera en Enero y Vocaciones Nativas en Abril. Cada miembro tiene asignadas unas parroquias y cuando llegan las campañas, nos ponemos en contacto con los delegados parroquiales y los párrocos, para hacerles entrega del material que deben trabajar en las catequesis.

   Además de estas tres campañas, Misiones sigue con su recogida de medicamentos. Esos que ya no utilizamos y que para nosotros ya no tienen valor. Hay un gran grupo de mujeres y hombres, que desde el centro misional se dedican a seleccionarlos, para enviarlo a todas esas personas a que superen enfermedades que para nosotros carecen de importancia, pero que en esos países salvan vidas. Y el sello misionero, que con el simple gesto de recortarlo de los sobres nos ayudan a enviar medicinas y paquetes.

   Pero la guinda de todo este caminar, son los Misioneros. Cuando llegan a nuestra diócesis, es como si Cristo viniera a visitarnos. Esas manos, esos pies, ese corazón, esa mirada… No es posible ver, tocar, sentir, sentar a tu mesa a un misionero y que tu vida no cambie. Ellos son los que verdaderamente empujan nuestra barca, por ellos somos capaces de cualquier cosa. Miras la profundidad de sus ojos y no ves miseria, ni sufrimiento. Ves Amor. Ese Amor que es exclusivo de aquel que hace presente, posible y visible cada día a ese Cristo roto.

   El Cursillo supuso para nosotros un comienzo en nuestro compromiso cristiano y un proyecto de vida basado en un Ideal, con en una formación seria y adulta, y que a pesar de los obstáculos que nosotros ponemos  o dejamos que nos dominen, sabemos que Dios es nuestro padre que siempre está esperando, porque no deja de necesitarnos y confiar en que mañana todo será mejor.

Francisco Montes y Pilar Calvo
Cursillo nº606 y nº671

 

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