Si no estamos, no fermentamos: la misión del cursillista en su parroquia

La levadura solo cumple su misión cuando se mezcla con la masa. Guardada en un bote, por muy pura que sea, no transforma nada. Lo mismo nos pasa a los cursillistas: si no estamos presentes en nuestras parroquias, no podemos fermentar los ambientes.

A veces corremos el riesgo de vivir el MCC solo en nuestros grupos, ultreyas… Y aunque esos espacios son vitales para cuidarnos y reavivar el espíritu, nuestra misión va más allá: debemos ser vida en nuestras parroquias.

La parroquia es nuestro hogar espiritual: allí recibimos la Palabra, los sacramentos y la fuerza para la misión. Pero también es el lugar donde los demás nos ven y pueden descubrir, a través de nuestro testimonio, que seguir a Cristo vale la pena.

Estar presentes no es solo asistir a misa. Es implicarse, colaborar, ofrecerse, escuchar, acompañar. Es ser de los que animan y no de los que critican desde la barrera. Es apoyar al párroco, integrarse en proyectos de catequesis, liturgia, caridad o pastoral juvenil, siempre con el estilo cursillista: alegría, cercanía y amistad.

Recuerda que muchos conocerán el MCC porque primero te conocen a ti. Si ven en tu vida coherencia, compromiso y amor, querrán saber qué es lo que te mueve. Y ahí es donde la levadura actúa, transformando poco a poco la masa.

Pregúntate hoy: ¿Me conocen en mi parroquia? ¿Estoy siendo fermento o me estoy guardando?
Porque el MCC se vive en comunidad, pero se proyecta en la parroquia. Ahí es donde el mundo nos ve y donde Dios nos envía.

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