Salgamos a la calle, acerquémonos a la gente

mirando al MUNDO 4D n107, noviembre 2024.

Detengo mi vida pendiente del reloj y dirijo una mirada orante al mundo. De repente, un pensamiento invade mi corazón y mi mente: ¡Cuánta gente necesita un precursillo!

Vivimos en un mundo en el que cada vez es más difícil que Dios tenga espacio en la vida de las personas. Hubo un tiempo en el que, quizás, podríamos hablar de indiferencia, tratándolo como algo a lo que no acudes a diario, pero lo tienes guardado, por si acaso, en uno de esos espacios de almacenamiento, de los que había en las viviendas antiguas. Actualmente, resultan insuficientes los espacios que las personas necesitamos y, en una de esas limpiezas que de vez en cuando se hacen, voluntaria o involuntariamente, las personas se desprenden de Dios, quizás con esa misma indiferencia con la que lo tenían guardado.

Ahora el precursillo se complica, y se alarga. Ya no solo basta con decirles que desempolven algo que tienen, aunque posiblemente ni se hayan parado a mirarlo. Ahora hay que retroceder un poco más, para hablarles de una necesidad que tienen como persona, aunque no se hayan parado a pensarla.

Me encantaría poder dedicar algo de mi tiempo para conversar con cada persona que me encuentro en mi vida, y decirle: ¿Cuántas de las cosas que ocupan espacio en tu vida crees que te pueden dar la Felicidad?

Existen numerosos organizadores profesionales (moving planners), a los que la gente contrata para que le ordenen la vivienda. Y supongo que tú, como yo, si conocieras a alguien con esa necesidad, y conocieras también a alguien capaz de resolverla, a algún moving planner, te faltaría tiempo para hablar de él y hacerle ver a esta primera persona cómo cambiaría su vida si contratara los servicios del organizador profesional.

Pues ahí está Jesús, esperando caballerosamente a que la gente le abra la puerta de su corazón, de su mente y de su vida, para ordenarla de verdad, y para ponerla en disposición de colmarla de la Felicidad que solo Él puede darte.

Pero claro, el mundo ha oído la puerta, y al asomarse, no han visto nada que les interese, porque, quizás, no lo identifican. El precursillo de hoy nos convierte en timbres, en luces, que hagan saber a la gente que en la puerta hay alguien llamando, esperando, y que abrir la puerta puede dar un giro a su vida de 180º y llevarles a esa Felicidad que pueden llevar buscando toda la vida.

Salgamos a la calle, acerquémonos a la gente y ofrezcámosle ese tesoro que tenemos, que ordenó nuestra vida y la orientó al Padre, para, con la ayuda diaria del Espíritu Santo, poder llegar a la meta.

Ese proceso posiblemente requiera más tiempo que la entrega de un calendario e incluso que tomar un café, pero la salvación de las personas está en juego, y, como nos dijeron en nuestro cursillo, Cristo cuenta con nosotros para llenar el mundo de precursillos que lleven a nuestros hermanos a la Felicidad.

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