Rosa: Siento la obligación de contar a todo el mundo que Jesús está vivo.

Ya antes de llegar a San Pablo, le rezaba al Señor preguntándole y destrozada llena de sufrimiento y derrota el porqué de mi infelicidad. Estaba completamente ciega, confundida y perdida, pero Él escuchó mi plegaria. Su amor me inundó por completo, la paz que derramó sobre mí hizo desaparecer todos mis miedos y preocupaciones, algo que no puedo explicar con palabras. Mi vida ha tomado sentido por completo, ahora tengo un ideal de vida, Jesucristo.

Esos días han cambiado mi vida, mi Fe, mis ganas de seguir luchando a su lado; en su nombre, experimenté el cielo, no quería irme de allí, sentía incertidumbre por volver de nuevo a lo mundano, no quería volver a caer en ese sin sentido, ¿cómo iba a ir a partir de ahora mi vida? Pero hoy lo tengo claro, me han dado las herramientas necesarias para ser feliz y sentirme Iglesia viva. Con Él en el centro de mí día a día, todo cobra un inmenso sentido. Gloria, Gloria a ti Señor y esperanza mía, Cristo mi luz, mi paz y alegría.

Con la oración me habla, con las personas que va mostrándome en el camino me ilustra, poco a poco y cada vez que más me forman más me enamoro de Él, y mayores son mis ganas de seguirle.

Siento la obligación de contar a todo el mundo de su existencia, que hay esperanza, que todo tiene sentido, que Jesús está vivo.

Conocerle y sentir que es el único que te ama de una manera descomunal, tal y como eres, con todas tus miserias, problemas y sufrimientos y que viene a tu vida a salvarte de la muerte, que tiene una historia de amor con cada uno de nosotros.

Señor hoy te pido que hagas de mí lo que tú quieras y eso será lo que yo quiero también, yo quiero ser tu instrumento.

Rosa.

Cursillo 1092.

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