Mi mejor amigo decidió ¡morir por mí!

Durante mucho tiempo yo me había quedado ahí…

Para mí, es algo asombroso, morir por mi… ¡Qué amor tan grande tiene Jesús para morir por mí, por cada uno de nosotros en concreto!

Santo Cristo de la Universidad – Córdoba

Pero un día ¡¡descubrí al Señor!!, no solo a Jesús amigo, hombre, maestro, sino a Jesús muerto y resucitado para darme la Vida.

Eran las 16,30 de la tarde, yo estaba sentada, escuchando la charla de Jesucristo y enamorándome un poco más de Él, cuando con voz firme y segura, convencida, entusiasmada… me presentaron al Señor; ¡Al Señor!, pues al resucitar se convierte en El Señor, el que se hace Camino Verdad y Vida para mí y por mí.

Me había encontrado con Jesús que perdonaba, curaba, sanaba, enseñaba y descubrí que no vino a sanarme, ni a enseñarme, ni a juzgarme…¡Vino a salvarme!, y lo que desea ardientemente es que yo me deje AMAR por Él.

Cuando descubrí esa gran verdad, que ya conocía, nunca la había vivido de forma tan real, yo solo era capaz de pedir desde mi corazón: ¡Abrázame!, hoy… por fin… me dejo querer por Ti.

Parecía escuchar con palabras de júbilo dentro de mí: ¡Jesús Resucitó! Y yo solo repetía: ¡Abrázame, hoy me dejo querer por ti!. Quiero volver a nacer en Ti. ¡Ahora soy libre! ¡Porque Tú me haces libre!.

Nuestro Señor Resucitado – Córdoba

Y ahora puedo entender el pasaje de Mateo 28,1 «Pasado el sábado, las mujeres fueron al sepulcro».
Las mujeres, aunque tenían en los ojos y en el corazón el dolor y el miedo, la inquietud, la memoria herida, la esperanza sofocada… y aunque era una hora oscura… no se quedaron paralizadas, no cedieron al lamento, no se encerraron en el pesimismo ni huyeron de la realidad… así que prepararon los perfumes para el cuerpo de Jesús… mientras, su madre María, en el silencio del amanecer rezaba y esperaba; en ellas renacía una Esperanza Nueva, Viva, que viene de Dios.

Desde aquel día, cuando escucho «No temáis», (las palabras que las mujeres escucharon) sé, que me quieren gritar a mí, que aunque el sepulcro es signo de muerte, Jesús Resucitó por mí, por cada uno de nosotros en concreto, para llevar Vida donde había muerte. Él puede remover las piedras que habitan hoy en día en el corazón. Dios está ahí, en mi dolor y en mi angustia, en mis crisis, en mis vacíos, en mi estrés; y también en mis alegrías y en mis éxitos.

Dios viene a decirme: «No te rindas» «Ánimo».
Ánimo, sé que estás necesitado; Ánimo, sé que te sientes débil y frágil; Ánimo, porque caigo una y otra vez; Ánimo, no te dejes vencer por la monotonía; Ánimo, ríe, canta, llora. Por eso yo le digo: «Ven, Jesús, en medio de mis miedos y dime ¡Ánimo!«. Yo sé que Tú estás conmigo en la oscuridad, en mis ataques de pánico, en mis noches interminables; Tú eres la certeza en mis incertidumbres, compañía en mi camino, palabra en mi búsqueda, alegría en mis dichas.

El Señor siempre nos anima a Anunciad lo que Vivimos.

¡Sí! ¡Anunciad! Porque sé que mi día a día es VIVIR RESUCITADO, pues Jesús me resucita cada día, y eso es renacer a la llamada de amor gratuita; es recomenzar las tareas con nuevos bríos, con nueva ilusión, pues el anuncio de que Dios Vive, tengo… quiero… deseo…, llevarlo con alegría a todos; porque todos necesitan ser reconfortados… alentados… entusiasmados… por mí que he visto, oído, palpado a Jesús Resucitado.

¡Anunciad lo que Vivís! Es dar en el día a día un testimonio de la Ternura, de la Fuerza de Dios que me ha llevado a Resucitar a una Vida Plena.
Sentir la Resurrección, es sentir el impulso de dar testimonio a tiempo y a destiempo, a cualquier hora y en cualquier lugar, en toda circunstancia… cuando el viento sopla a favor o cuando el huracán envuelve, tanto si estoy alegre como si estoy afligida, serena o eufórica, descansada o exhausta.

Vivir con Jesús Resucitado, impulsa a Proclamar la Vida Plena, pues Él con su voz me llama y con su vida me enseña a caminar, a trasladar su abrazo a tantos como lo necesitan, porque quiero ser Peregrino de la Esperanza, sabiéndome llamado a ser apóstol, profeta, portador de una noticia que traspasa los muros y fecunda la tierra. Con el corazón abierto a TI, Jesús, que eres Camino, Verdad y Vida.

VIVIR RESUCITADO es poder decir como «Ignacio Iglesias, SJ». «Porque Tú lo quieres, Aquí estoy Señor, me has absorbido con tu espiral de Amor. Al acercarme a Ti, siento tu abrazo, me haces tuyo dándomelo todo. Así, empapado de Ti, quiero ir sembrándote. Tu rostro buscaré Señor, hasta decirte ¡Padre!, pero solo te encuentro cuando al otro le digo ¡Hermano!»

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Comentarios

  • Maria Lisbona Manuel de Cespedes
    31/03/2024

    Feliz Pascua de Resurrección. El señor se queda con nosotros. Y tenemos que ser conscientes dia a día de esta grandisima realidad,aunque no cueste por las dificultades de la vida. Dios nos ha salvado a cada uno de nosotros individualmente por el amor tan grande que nos tiene. Por eso nuestra vida tiene que ser vivida de Colores y anunciando lo que vivimos,

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