La medida del amor… Mi testimonio de la Ultreya Mundial de Roma 2025

Quisiera hacer un breve resumen de lo que el Señor y la experiencia en Roma ha significado para mi. Pero antes de todo, me gustaría comenzar con una breve presentación.

Me llamo Raquel, tengo 47 años y una gran familia que el Señor me ha dado, con dos hijos que han sido una bendición.

Vengo de una familia cristiana, la cual me ha enseñado valores muy bonitos, valores como el respeto, la humildad, la caridad, compromiso y responsabilidad.

Comencé la andadura en este precioso movimiento en el 2018, movimiento que no conocía y que por medio de mis mariposas me hicieron llegar a él. Recuerdo mi cursillo donde el Señor me hablaba pero  yo no quería escucharlo, veía cómo había algo que me decía y me hablaba dentro de mí, hasta que decidí dejarlo entrar.

Desde mi cursillo he pasado por muchas situaciones, situaciones donde por mucho que no quería ver, él siempre estaba ahí y me lo demostraba saliendo a mi encuentro, para que no me apartara, demostrando que me quiere como hija que soy suya, y demostrando que me quiere dentro de su equipo y no está dispuesto a soltarme. Recuerdo una situación, quizás de las más duras que he tenido, donde abatida me puse delante de él, delante del sagrario y vi como me hablaba, sus palabras fueron: juntos venceremos. Fue ahí cuando me di cuenta lo que el Señor me quiere. A partir de aquí, solo ha hecho salir a mi encuentro cuando yo me he podido desviar (las cuales han sido unas pocas) y me ha bendecido con muchos encuentros con El.

El último encuentro ha sido la bendición de poder ir a la Ultreya de Roma, en la que días previos, por circunstancias personales, todo parecía truncarse y apuntar a que no podría asistir, que ilusa y que poca confianza porque nuevamente me demostró que no me dejaría sola y que me daría lo que yo tanto había querido, ir a Roma y poder disfrutar de su gracia, esa gracia  que ha derramado en mi en los días alli. Recuerdo llegar a Roma después de muchas horas de viaje, cansada pero fue ahí cuando ya empecé a ver que el Señor es muy grande y que estaba a mi lado, al lado de todos los peregrinos que íbamos, ese cansancio no era cansancio como tal, era cansancio de alegría, de saber que todos estábamos allí por un motivo fundamental, que no es otro que el amor que le tenemos al Señor, y es que dicen que cuando tu das al Señor, él te da el ciento por uno,

Comenzamos nuestra peregrinación, comenzaba mi peregrinación y veía cómo el Señor estaba allí, en todo y cada uno de los momentos que empezábamos a vivir. Fueron muchos momentos los vividos,  todos no podría explicarlos por aquí, me quedo con muchos momentos vividos, pero quizás haya algunos más relevantes que otros. El momento donde llegó a la Basílica de San Pablo y veo como el Señor no solo está en mí, sino que también está en  muchos países, con sus peregrinos que iban a lo que yo, a encontrarse con él. Posteriormente, entré por esa puerta santa donde sentí una sensación de amor que no podría explicarse, la gracia de Dios estaba en mi. Posteriormente, nos quedamos a la ultreya mundial con personas de todo el mundo, personas que se les veía felices de estar con el Señor, y yo le decía, qué grande eres Señor.

Otro momento vivido fue la previgilia y la Vigilia de Pentecostés donde nuestro Santo Padre nos decia que el Espiritu del Señor estaba sobre el y sobre nosotros (Lc 4, 18) y que nuestro camino como cristianos es la conversión y el camino hacia el reino de los cielos. Esta experiencia me ha demostrado que Dios reina y que está cerca de mi, que nunca me abandona, si yo no me dejó abandonar, ya que el me da la libertad de poder decidir qué es lo que yo quiero sobre mi vida. Me llamó mucho la atención cuando nuestro Padre pronunció  la palabra sinoidad, que no es más que recordarnos que hay un camino y que en ese camino está el Espíritu y donde está el Espíritu hay un camino y un movimiento, y es por ello, que debemos caminar juntos. Fuera de este camino todo se marchita.

Posteriormente a esto viví la Homilía de nuestro Santo Padre, de la cual se me quedaron grabadas muchas cosas, pero una de ellas fue que como cristianos debemos evangelizar porque la evangelización no es una conquista humana, sino que es la infinita gracia que se difunde de vidas transformadas por el reino de Dios. Algo muy importante de lo que me di cuenta a través de sus palabras es que debemos estar cerca de nuestra iglesia particular y de las comunidades parroquiales, ya que es a través de ellas se alimentan y gastan sus carismas. Con estas palabras que pronunció nuestro Santo Padre me pude dar cuenta que si tengo al Espíritu Santo en mi, mi futuro será menos oscuro y mi discernimiento menos difícil.

Con todo esto, puedo describir mi gran experiencia vivida con mi movimiento y con mis hermanos de Cursillos, donde he visto y comprobado cómo el espíritu Santo ha estado grande con nosotros, donde hemos sido llamados por él, para derramar la gracia en este mundo tan dispar y difícil al que nos enfrentamos.

De toda esta experiencia, me quedo con una frase de San Agustin, donde dice:

LA MAYOR MEDIDA DEL AMOR, ES AMAR SIN MEDIDA.

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