Amar a Dios y a mi Iglesia desde las Redes Sociales. Entrevistamos a Antonio Guzmán.

Desde Córdoba a Granada.
Son muchas las cuentas de instagram que nos ayudan en nuestra fe cristiana, influencer que no sólo promocionan marcas de lujo, restaurantes y hoteles, si no que entre promoción y promoción nos hablan de Cristo, nos enseñan reflexiones, vídeos y demás que nos ayudan acercarnos a Cristo.
Tomás Paramo, Daniel Pajuelo, la religiosa Xiskya Valladares, hasta el propio Papa Francisco en su cuenta de Twitter son algunos de esos ejemplos
Pero hoy nos centramos en uno, un chico como otro cualquiera, pero que a través de su cuenta de Instagram nos acerca y a todos sus más de cuatro mil seguidores a Cristo.
  • Cuéntanos un poco sobre ti que te conozcamos un poco más.
Antonio Guzmán es un jienense que, como tantos jóvenes, se viene a Granada a estudiar a la Universidad y aquí el Señor lo busca y lo llama a ser sacerdote. Grado en Nutrición Humana y dietética, trabajo en promoción de la salud en el Ayuntamiento, Máster de Profesorado, clases a FP, Máster en condicionantes genéticos, nutricionales y ambientales del crecimiento y el desarrollo, feliz en todo lo que hacía, tropa de amigos brutal y novia, pero el Señor me pone en el corazón una herida por el mundo, una urgencia por sanar, una llamada a compartir con todos la Alegría que me ha encontrado, un deseo de ser Suyo para los demás 24/7. A día de hoy soy seminarista de último curso.
  • ¿Cómo se te ocurrió esta historia en redes sociales (Instagram)?
¡Más que ocurrírseme, me ocurrió! Como cualquier joven, estaba en redes. Todos buscamos que la vida sea vida, que se cumpla, que sea grande, y si te das cuenta, cada persona comparte aquello que para él/ella es la respuesta en su vida. Algunos han descubierto gasolina en la escritura, otros se sacian con la moda, algunos rellenan sus vacíos con fotos provocativas en las que ser reconocidos por un like…
Yo, en un momento de mi vida descubro la respuesta de mi vida en Dios. La cosa es que el Dios con el que me he encontrado se ha hecho carne para buscarme. Este Dios no es una idea, una teoría, un discurso razonable o una lógica, sino que es una Persona que me encuentro en otros, es un Dios que ha creado y sostiene todo, que se derrama en gratuidades día a día y abraza mi pobreza de anoche con la belleza del amanecer de hoy.
¿Cómo podía comunicar a este Dios de carne en redes? Contando lo que veo y oigo. Mostrando mis folios de estudio, mis relaciones, mis cansancios, el ciprés de la ventana, el salmo de laudes, el poema que me cuenta mi propia vida y las conversaciones mientras tomo un café en una terraza en el Albayzín. No podía más que hablar de Quien me ha salvado agitando la cucharilla, comiendo, leyendo y cantando, y no podía hacerlo de otro modo que contando cada “cómo” en el que Él sale a mi encuentro.
  • ¿Qué tipo de contenido das en tu cuenta y dónde te inspiras?
Concretando un poco mi contenido parte de la premisa de que el corazón del hombre está bien hecho y la realidad también. Para mi, esto determinó en su día el Encuentro con Cristo. Al comienzo de mi vida universitaria pensaba que o bien mi corazón deseaba demasiado o la realidad era un fraude del que era mejor huir. Con Cristo he descubierto que no. Mi contenido parte de la relación con un Dios que ha puesto en mi corazón un deseo de infinito que se cumple con Su presencia en mi realidad. Así, mi Instagram, está tejido de lo que vivo cotidianamente, de modo que no es organizado. No hay un plan director, una agenda de contenido o una estrategia de marketing detrás. Solo la realidad tal cual me sucede. Solo un Dios enamorado tal cual se hace carne. Pero voy a intentar destacar los puntos principales:
  1. En primer lugar trato de compartir cualquier brizna de verdad, de búsqueda de bien, de sensibilidad a la belleza que pueda encontrar en la cultura, la música, las conversaciones en las que estoy, las noticias, la literatura, y que nos permita darnos cuenta de que todos los corazones están bien hechos, que todos buscamos lo mismo (Al Mismo) para poder caminar juntos como humanidad en esa búsqueda. Todos tenemos dentro un deseo de infinito, un sentido religioso, una nostalgia de un Padre que, si te fijas, puedes reconocer en cualquier expresión cultural y te permite saberte y ponerte en camino con todos. Siento que Instagram a veces está demasiado lleno de tips, consejos, manuales de instrucciones de la vida… y yo creo que necesitamos menos respuestas y más preguntas, más intuiciones, más provocaciones, más deseos, que nos abran caminos que podamos recorrer juntos (sin que nadie se quede fuera) para conquistar en la experiencia personal las respuestas. En este sentido, por ejemplo, la música o la poesía me parecen muy útiles, ya que lejos de intentar explicar la vida, describen experiencias vitales, evocando caminos, abriendo el apetito a vivir, señalando la necesidad de Dios aunque muchos no lo nombren.
  1. En segundo lugar, trato de buscar las huellas de que esa realidad está bien hecha a través de la experiencia de la #gratuidad, de que nos suceden cosas, gestos, momentos, que no dependen de nosotros, que superan nuestra previsión, nuestra capacidad o nuestro merecimiento y me hablan de un Padre que me cuida. Podría llamar a estas experiencias #providencia, #paternidad, #gloriadeDios, pero me aventuré con la #gratuidad, ya que quería que este camino no fuese solo para los que ya se reconocen cristianos, sino para que cualquier persona pueda recorrer ese camino de darse cuenta de que no es huérfano en la vida.
  2. También escribo experiencias o reflexiones que nacen de ella. No vas a encontrar en mi cuenta bloques temáticos, no vas a descubrir en mi un gran maestro de “X” tema semanalmente. Más bien encontrarás que quizá en el período de exámenes, aparecen reflexiones acerca del sentido del tiempo, de dónde está la eficacia en nuestra vida, de si tengo yo que poner a Dios en el centro o es Él quien me hace centro de su vida, de si la vida solo es preciosa cuando se acabe el escritorio o se puede cumplir ya… A veces cuento lo que vivo narrando un encuentro o experiencia concreta, otras extraigo una reflexión y a veces lo transformo en poesía. No trato nunca de explicarte cómo se vive, sino contarte lo que me ayuda a vivir: ¡pruébalo y me cuentas! (“Venid y lo veréis”).
  1. Comparto mi oración. De un modo transversal, la liturgia atraviesa mi vida diaria, y mostrar mi vida en redes sin ella sería mentira. Pero también sería mentira mostrarla como algo separado de mi vida. Así, intento mostrar la oración a través de las experiencias concretas en las que esa oración se encarna en mi día, para mostrar que la experiencia de una Promesa que comienza con Abraham hace miles de años tiene dentro la misma experiencia que nosotros vivimos. A veces es un salmo que le pone voz a mi grito, otras es una lectura que me da pie a deshacer un nudo interior, puede ser un himno de vísperas me ayuda a mirar la belleza por la venta del coche, también una petición que me ayuda a salir de mí mismo, y en algunas ocasiones necesito seguir rezando la antífona de completas con un estribillo de Rosalía que expresa sed de infinito en una carne viva.
  2. La palabra ilumina cada día y es providente. Todos hemos escuchado los evangelios muchas veces y ya “nos sabemos” lo que dicen. No podemos repetirnos siempre las mismas cosas. Si ese día llega el evangelio para ti es una providencia de Dios contigo. En ese sentido trato de lanzarme a la escucha de la Palabra siempre con lo que vivimos en ese momento, en ese día o esa semana. Trato de estudiar el sentido profundo de la Palabra, el sentido de las acciones de Jesús, los ecos con el Antiguo testamento… Para finalmente hacer un pequeño comentario, no con todas las ideas que me se, sino con una respuesta sencilla, clara, de un minuto máximo que el Señor ilumina para ese día. A menudo me piden que lo deje guardado pero yo siempre me niego: ¡la Palabra es providente! ¿para qué sirve mi comentario del domingo pasado si hoy el Señor te pone delante la Palabra que necesitas? La Palabra está viva, lo creo, lo veo, lo vivo.
En este sentido, mis inspiración es la vida real, tal cual es, y mis redes, aunque suene tópico decirlo, las lleva Dios. Pero no me refiero a que las lleve indirectamente dándome la gracia o los dones para comunicar (que también). Quiero decir que Dios lleva directamente mis redes, porque es Él quien se empeña en mí en la lectura de las vísperas, en el hermano que me toca la puerta, en una torta de chicharrones que me traen sin esperarlo, en alguien que me pide ayuda cuando me creo incapaz de todo, en el plato de lentejas cuando la mañana ha sido poco productiva, en el fragmento de poesía que dudo si he escrito yo… Mi labor en redes es simplemente comunicar lo que me sucede, lo que Él hace.
  • ¿Cómo crees o ves que ayuda tu cuenta a todos tus seguidores o quienes leen tus post?
La primera sorpresa es ver que el método cristiano es el mismo que al principio. El contagio. En cuanto alguien mira un story, mi mirada, que es la de Cristo, ya no es mía, sino que es suya. Frente e un mundo de derechos de autor y de copyrights, yo disfruto viendo como muchos seguidores empiezan a sentir que sus preguntas son acompañadas por una canción que les he compartido, que empiezan a ofrecer el trabajo cuando no le ven sentido, que comparten momentos en los que experimentan la gratuidad, que empiezan a rezar la liturgia de las horas, que empiezan a pedirle a Dios desde Su deseo cada mañana, que se levantan con hambre de reconocerLe, que crecen con lecturas que he mostrado, que me piden ayuda para entender mejor algo… entonces me doy cuenta de que no soy yo, que no es algo subjetivo lo que vivo, sino que el acontecimiento de Cristo es real, objetivo, experimentable para todos. Saber que me podría ir de Instagram en cualquier momento pero que ya hay otros que viven más atentos, más despiertos, más reconociendo a Dios en el instante, me hace libre ¡eres Tú Cristo quien vive en mi!.
La segunda sorpresa es descubrirme en comunidad. Me sorprende cada día cómo otros viven lo mismo que yo y comenzamos a ser una compañía el uno para el otro. No es una cuenta de contenido “rápido”, de “like y sigo”. Al final, al exponer lo que vivo, al mostrar mi experiencia siendo franco con ello, en mi bandeja de mensajes privados me siento como cuando tomas un café con un buen amigo o estás reunido con tu comunidad. El punto de partida siempre es profundo, conversaciones, ristras de mensajes de audio donde el desconocido no quiere perderse la vida, se pone en juego con el deseo de que podamos hacer un camino juntos, sin rodeos, no siendo acompañante y acompañado, sino buscadores ambos. Sin embargo, siendo franco, siempre falta un punto de carnalidad y de encuentro real. Es por esto que tengo historias preciosa de cómo hay muchos que han saltado a WhatsApp, a llamadas telefónicas, a amigos de amigos, a comunidades, a cafés reales y hasta a acompañarnos en la habitación del hospital. Descubrirnos en camino en redes por un fragmento de poesía, por lo que me dijo una lectura de vísperas, por el grito que lanzo con el estribillo de una canción una noche, por la experiencia de asombro de dar un paseo postpandemia… me ha llevado por ejemplo a estar junto a la cama de un hombre muriendo de cáncer junto a su mujer diciéndome: “los colegas de toda la vida han sido un buen entretenimiento, pero cuando la vida cruje, he descubierto en vosotros amigos con los que no tengo miedo a vivir nada, con los que me iría al fin del mundo”. Así, en mi experiencia, las redes sociales han dejado de ser un mercadillo de “reconocimiento y likes” para ser una mesa grande, una familia numerosa, una comunidad de hermanos, la cara visible de la comunión de los Santos de la Iglesia.
La tercera sorpresa es que en mi cuenta redescubro también que la potencia del cristianismo es hacernos verdaderamente humanos. Vivo en diálogo con muchas personas, marcas, lugares de pensamiento aparentemente no cristiano pero que reconocemos juntos una búsqueda común. Es increíble ver como aunque reniegues de la experiencia de paternidad de Dios, nadie puede renegar de la experiencia de gratuidad de la vida, que aunque te reconozcas ateo no puedes pasar por encima de un poema de Salinas reconociendo en ti el mismo deseo de amor infinito que él. Es apasionante darte cuenta que Cristo no ha venido para unos cuantos sino para el mundo entero. Pero para ello hay que estar dispuestos a dar un paso más, que es un paso atrás, un paso de caridad, un paso de quien está enamorado de Cristo, para no dar por hecho el Nombre, la Respuesta, y recorrer las preguntas con otros para crecer juntos en este deseo de Infinito, para que otros también puedan decir “eres Tú, Cristo, lo que yo buscaba detrás de todas las cosas”.
No quiero terminar sin mandar un abrazo a los cursillistas de Córdoba.
Primero por el cariño a la Iglesia, a cada realidad, a los cursillos en este caso, como esplendor de esa predilección del Señor por cada uno que se concreta en carismas, dones del Espíritu Santo, para que cada uno se sienta en casa. Y en segundo lugar porque solo leer “Córdoba” ya me genera aun brinco en el corazón. No es momento de detenerse en la historia de uno, pero si el Señor me ha encontrado y me ha llamado, ha tenido mucho que ver con algunos hermanos y hermanas mayores cordobeses. Ir a Córdoba es siempre estar en casa, es meterme en mesas camillas ajenas y poder decir: “¡qué bonita es mi Iglesia!”.
Pido al Señor que nos siga ayudando a cada uno a no conformarnos, a desearlo todo para reconocerLe, a seguir ardiendo para que Él alcance a muchos que Le buscan, aún sin saberlo. ¡Que los cursillos sigan siendo lugar de ir hasta el fondo de la vida!
Un abrazo a cada uno, ¡en comunión!
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