DESCUBRIENDO A DIOS EN LA ENFERMEDAD PARA DARLE GRACIAS CADA DÍA POR LA VIDA

Hice mi cursillo en febrero de 2008, fue el cursillo 957. No fue una decisión pensada, mi hija Rosa me lo propuso y de mi boca salió inmediatamente el SÍ. Tanto es así que cuando llegué a la casa de San Pablo me dije para mis adentros, ¿pero qué hago yo aquí?. No sabía qué quería el Señor de mí, cuál era su plan, pero sí sabía que Él puso el SÍ en mi boca.

Ese encuentro cambió mi vida, mi corazón estaba rebosante de un Dios Padre, amigo, todo Amor y Misericordia. Yo irradiaba una alegría y felicidad diferente, algo que solo es consecuencia del encuentro con Él. Y así empecé a caminar en mi cuarto día, agarrada a Él, no sin dificultades, pero con la confianza puesta en quien sé que me ama y me cuida. Y aunque a veces me cueste, mi director espiritual me ayuda a no olvidarme nunca de esto. Me apoyo mucho en la oración y en intentar acercar a los demás ese Dios que tanto ha hecho en mi vida.

Dios puso en mi camino a una persona enferma de cáncer y me arrastró hacia la AECC (Asociación Española Contra el Cancer). A pesar de la enfermedad pero también gracias a ella, viví en la AECC los 25 años mejores de mi vida. Ha sido una etapa en la que he podido desarrollar y poner al servicio de los demás todo cuanto tengo y sentir paz en el corazón por hacer algo bueno para mis hermanos que padecían la misma enfermedad que yo, ayudando a llevarla con aceptación y esperanza.

Durante mis tratamientos, siempre pensaba que me estaban poniendo vida, con un Amigo a mi lado que nunca me ha abandonado.

Con el paso del tiempo, y aunque la enfermedad ha seguido ahí, doy gracias a Dios porque me ayuda a ser consciente de que mi vida es un milagro de Él, que ha puesto al médico idóneo que ha dado con el tratamiento adecuado, y aquí estoy… dando gracias siempre a Dios por la vida.

A veces quien me escuchaba miraba con extrañeza cómo daba gracias a Dios por mi enfermedad, pero es que me ha dado muchas cosas positivas… me ha permitido acercarme más a Dios y apoyarme en Él para poder ayudar a las personas enfermas de cáncer. Mi enfermedad me permitió conocer a la AECC, sé que Dios me la puso en mi vida para para sentirme útil, para llevar amor y esperanza.

Actualmente me encuentro llena de Dios, aunque es cierto que con algunos problemas físicos y con dolor, que he aprendido a ofrecer.

Mª Luisa Cobos Godínez – Cursillo nº 957

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