«Anécdotas de Manuel Guillén del Castillo»

Cursillo de Cristiandad nº 379

Corría el año de 1984, cuando fundé el Centro Gimnástico Médico de la Plaza de Aladreros de Córdoba, junto a dos hijos de María Zafra y Luís Escribano antiguos miembros distinguidos de Cursillos; me estoy refiriendo a Luis y Antonio Escribano Zafra.
En ese centro teníamos un grupo de clientes, motivados por el ejercicio físico, que diariamente yo preparaba por las noches y que un día les invité a subir a un Cursillo, que ellos algo reticentes, me aceptaron con la condición de que tenía que entrenar durante el Cursillo todos los días.
Yo les dije que no había ningún problema y que nos levantaríamos a las 7 de la mañana a correr por los alrededores de la Casa.
Y así fue, subieron unos cinco con esa condición, y la mañana del viernes, ahí tienes a Manolo Guillén despertando a las 6:45 h. al grupo para salir a correr, lo que hicimos aunque con caras de sueño.
Pero su entusiasmo deportivo se desvaneció ante mi sorpresa, cuando me dijeron que preferían descansar y meditar en vez de salir a entrenar… y ya no hubo más entrenamiento matinales.


D. Antonio Rubio Murillo, q.e.p.d., fue mi Rector predilecto, nos unía una enorme amistad y admiración mutua, así como un afecto entrañable, tal es así que desde la primera vez que me eligió para subir a un Cursillo, dando el “Rollo” de Gracia Actual, ya extinguido, no falte jamás a una de su citas como Rector de Cursillos.
Me encargaba, además del botiquín por ser médico, la organización de la fiesta de la última comida del domingo, junto a la cocina; y así fue, de forma que debido a mi pasado de fundador de la Tuna del INEF de Madrid, puse a todo el cursillo en pie formando un círculo y abrazados hombro con hombro, cantando “Clavelitos”; tuvo tal éxito la experiencia, que se popularizó con ese final apoteósico, en las fiestas de cada cursillo…

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