«ABRAZADA Y MIMADA POR EL SEÑOR»

Hace 13 años de mi cursillo, principio de marzo, comenzaba a calentar el sol, de la misma manera y con una intensidad desmesurada el calor del Señor se hizo patente en esos intensos 3 días de reencuentro, no fue un descubrir, ya estaba en mi vida, aunque de una manera aletargada, una juventud activa en la Iglesia formándome y compartiendo una vida de fe a través de apostolado Ejercicios Espirituales, retiros, etc.

Llegó el matrimonio y con él, la maternidad, alejada ya de mis ambientes de Fe, esta se va enfriando hasta el punto de creer que mi vida era plena, pero pasados los años siento que no es tal como pensaba, aflora en mi interior un sentimiento de insatisfacción, «mi vida no estaba completa»….

Mi cursillo, fue un reencuentro, un sentir ser hijo pródigo en el que mi Padre organizaba una fiesta que duraría tres días, con un banquete principal, momento de su abrazo, después de la confesión y encuentro en el Sagrario, en ese abrazo lleno de amor y misericordia, me sentía como nunca me había sentido «Abrazada y mimada por el Señor».

El Señor seguía llamándome y quería contar conmigo.

Ahora tocaba materializar todo lo vivido y sentido, llegaba dar paso al cuarto día y tenía claro que lo quería vivir siempre en la presencia del Señor y de la mano de mis hermanos, apoyándome, compartiendo y creciendo en la vida, esto se hace realidad en el grupo de poscursillo de Cruz Blanca.

Más tarde entro a formar parte de nuestra Escuela de Cursillos, de nuevo «Abrazada y mimada por el Señor».

Hace 6 años mi marido empeora de su enfermedad con continuas entradas y salidas del hospital, necesitando atención asistida por completo, por lo que conlleva dejar activamente la escuela y todas mis actividades. No ha sido fácil despojarme de todo ello, pero apoyada en la oración personal y con la ayuda espiritual y por supuesto con el cariño y oraciones que me llegan de mi escuela y gente generosa entiendo y acepto mis circunstancias. A todo esto, se une el hacerme cargo de mis padres, mi padre, también con sus entradas y salidas hospitalarias hasta su fallecimiento, mucho sufrimiento e impotencia, pero es ahí, donde, mirando al Crucificado, vuelvo a sentirme «Abrazada y mimada por el Señor», mirando la Cruz, la mía se hace liviana y llevadera.

Cerquita del Señor, como Él me sueña y me quiere, llegó a las parroquias de Santa Teresa y La Inmaculada y San Alberto Magno, encargada de su limpieza, no es solo un trabajo, sino que por el contrario lo acojo como todo un privilegio, poder cuidar la casa del Señor, con mucho esmero y mucho amor, que todo quede impecable para Él y también pensando en las personas que vienen a su encuentro. Todo un gozo sabiendo que lo tengo tan cerca, comienzo mi día a solas con el Señor, al pie del Sagrario, de nuevo me siento «Abrazada y mimada » por su Amor.

Doy gracias a Dios, por todas las personas que ha puesto en mi camino, que son mis bastones a través de sus oraciones y acompañamiento, me sostienen y son los milagros que el Señor obra en mi vida, llegan cuando los necesito, siempre están ahí…  Otra vez …«Abrazada y mimada por el Señor». DE COLORES.

Leli Baena Jiménez – Cursillo nº 977

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