Siento que Él se alegra cada vez que nos levantamos tras un tropiezo.

En el Cursillo 1028 hace 7 años viví una experiencia de compartir; compartir la fe con otras personas que no conocía, sintiéndonos parte de la Iglesia Universal que es a la que pertenecemos… somos Iglesia.
Siempre a lo largo de mi vida había sentido la necesidad de amar a Cristo, dejarme y abandonarme a los pies de su Cruz, pero esta experiencia de Cristo, este encuentro con Él, me aportó algo nuevo, en el sentido de darme cuenta que Él padeció y murió para redimir al mundo y nos ama a todos y cada uno de nosotros con nuestras circunstancias, nuestras limitaciones.
Siento que Él se alegra cada vez que nos levantamos tras un tropiezo.
Es un Padre tolerante que quiere lo mejor para todos y cada uno de sus hijos.
Intento en el día tenerlo presente en mi vida cotidiana, buscando momentos a diario con Él, dejarme envolver por su presencia y sentir que me ama incondicionalmente y que me pide ser su testigo.
En definitiva, llenarme de Él para así, a su vez, poder transmitirlo a los demás con mi forma de ser y mi manera de actuar.
Como nos dice San Ignacio de Loyola, le pido al Señor poder conocerlo más cada día para que conociéndole le ame y amándole le siga.

Ton.
Cursillo 1028.

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