San Francisco y la alegría de vivir el Evangelio

El 4 de octubre celebramos a San Francisco de Asís, uno de los santos más queridos, incluso por quienes no frecuentan la Iglesia. Su sencillez, su amor por toda la creación y su capacidad de vivir el Evangelio sin medias tintas siguen siendo un faro para nosotros.

Francisco entendió que el Evangelio no es una teoría bonita, sino un estilo de vida que se encarna en lo pequeño, en lo pobre, en lo sencillo. Amaba la naturaleza, no porque fuera romántico, sino porque veía en ella el reflejo del Creador.

Como cursillistas, tenemos mucho que aprender de él: la alegría que nace de confiar totalmente en Dios, la cercanía con los más pobres y el cuidado de la casa común. San Francisco no predicaba desde un púlpito elegante, sino desde la vida misma, con gestos que hablaban más fuerte que las palabras.

Hoy, siguiendo su ejemplo, podemos preguntarnos: ¿Vivo mi fe con alegría? ¿Soy capaz de desprenderme de lo que me sobra para acercarme más a Dios y a los demás?

La alegría del evangelio es contagiosa. Y en un mundo a menudo triste o enfadado, necesitamos más “Franciscos” que vivan el Evangelio con una sonrisa sincera y manos dispuestas a servir.

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