El primer y cuarto día de mi Cursillo

   En el año 1954 empezaron a celebrarse en Córdoba los primeros Cursillos de Cristiandad dirigidos, entre otros, por D. Felipe Tejederas y equipos de seglares del Consejo Nacional de Jóvenes de Acción Católica, venidos de Madrid y reforzados por miembros del Consejo Diocesano de Jóvenes de A.C. de Córdoba. En aquellos primeros cursillos, del nº1 al 10 ó 12 aproximadamente, los asistentes eran jóvenes en su mayoría.

   Y, hay que destacar, la labor de captación para llevar a muchos de ellos a hacer el Cursillo, de un sacerdote capuchino, el Padre Jenaro de Villaviciosa, a quien, cariñosamente llamaban “Fray Corbatas” por su habilidad para “echar el lazo, la corbata” y mandar a hacer el Cursillo a quien pasaba por su confesionario.

   Uno de esos “encorbatados” fui  yo. Y el 20 de Junio de 1956 me dispuse a vivir el Cursillo nº7, creyendo que se trataba de hacer unos Ejercicios Espirituales más, como ya había vivido en otras ocasiones, en silencio y absoluto retiro. Pero no fue así. Fueron tres días ruidosos, desbordantes de alegría, en los que, como se repite en  todos los Cursillos; viví, vivimos, el triple encuentro: con uno  mismo (“la película de mi vida”); con Cristo (“Cristo y yo mayoría absoluta”) y con los hermanos (“Nos salvamos en racimo”)

   A poco de hacer el Cursillo, el sacerdote D. Martín Cabello de los Cobos,  me invitó a participar enla Escuela de Dirigentes que entonces se creaba, y que después se consolidaba con la llegada a Córdoba de D. Juan  Capó.

   Desde entonces, mi dedicación al Movimiento de Cursillos ha sido una de las ocupaciones más importantes de mi vida, acompañado por Leonor, mi mujer, que hizo el cursillo nº240 (2º de mujeres) en diciembre de 1967 y que, como miembro dela Escuela, asistió a unos 9 ó 10 cursillos.

   Han pasado 55 años y ya, con 83 cumplidos, este ancianito sordo y con algunas otras “goteras”, va recordando sus “líos apostólicos”, la asistencia a unos cincuenta Cursillos, la Vocalía de la Campiña con sus Escuelas en las parroquias de San Mateo y Santiago de Lucena, las Ultreyas y contactos con San Sebastián de los Ballesteros y aldeas de la Carlota, o las visitas y ayudas de mi Reunión de Grupo a los más necesitados del Campo de la Verdad, a través de las Conferencias de San  Vicente de Paul, etc.

   Termino este “desahogo del alma” recordando a mis Reuniones de Grupo, a nuestra Reunión de Matrimonios y a tanta buena gente que nos ha ayudado, y nos ayuda a caminar por este  cuarto día.

David Martínez y Leonor Ruiz
Cursillo nº 7 y nº 240

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