AÑO JUBILAR DE SAN JUAN DE ÁVILA EN MONTILLA (Córdoba, España)

 Amigos hasta en el cielo

La vida se puede explicar de muchas maneras –como una aventura, como una apuesta arriesgada, como una locura -. La vida es sin duda un viaje, con sus etapas, sus descubrimientos, gente que nos acompaña, cansancios y alegrías… Viajar requiere esfuerzo, saber hacia dónde vamos, con qué contamos… viajarar es parecido a vivir. Tiene sus etapas, tiene sus imprevistos, tiene momentos de bajón y de subidón. Y en el caminar aparece siempre gente. Hay personas que van más a su “bola”, otros más abiertos, tímidos, implicados, comprometidos, los que van lígeros, los que les pesan los pies… pero sea como sea, no creo que nadie pase toda su vida sin tener un amigo.

Hay gente superpopular que tiene muchos amigos, que vas con ellos por la calle y se paran con todos. Hay gente muy selectiva que elige bien sus amigos, Está el que es amigo de todos. Está el que siempre te la juega, pero aun así lo quieres. Hay otros que llevas siglos sin ver pero que sabes que puedes contar con ellos. Sea como sea, ¿sabes una cosa? La amistad la inventó Dios. Si, es algo muy querido por Dios. De hecho, Él tiene y ha tenido muchos amigos. Llega a decir en la Biblia “que el que tiene un amigo tiene un tesoro”. Adelante, a buscar tesoros.

Os proponemos tener amigos aquí y allí. En el barrio, en el pueblo, amigos para salir, amigos para estudiar, amigos para hacer deporte… amigos cristianos y amigos que no lo son. Os proponemos tener amigos hasta… en el cielo (en el infierno NUNCA).

UN AMIGO DEL CIELO QUE PISÓ TIERRA

Juan se llama. Nació hace 512 años en un pueblecito de Ciudad Real, que se llama Almodóvar del Campo. Curioso es que nació el día 6 de enero, el día de Reyes, ¡vaya regalo para sus padres!

Su madre se llamaba Catalina -vaya nombrecito- y su padre Alfonso. Su padre era judío, convertido al cristianismo. Esto de ser hijo de padre judío le costó algún quebradero de cabeza en su vida.

El chaval tenía una buena paga pues su padre era el dueño de unas minas de plata en Sierra Morena. De pequeñito ya apuntaba maneras de lo que sería de grande, le encantaba todo lo que tuviera que ver con la fe cristiana, aprendía con ganas el catecismo, llamaba la atención porque cada dos por tres entregaba su sayo nuevo a un niño pobre, o por sus prolongados ratos de oración, sus sacrificios, su devoción eucarísticay a la Virgen María. Y es que este amigo del cielo era ante todo amigo de Dios.

LLEGA LA Hora de ir a la “uni”

Cuando tenía apenas 15 años, sus padres lo mandan a Salamanca a estudiar derecho. ¡Que joven!, pensarás. Cosas de la época. Allí estuvo cuatro añitos muy dedicados a estudiar.

Vuelve a su pueblo, a Almodóvar, y comienza a plantearse cosas serias. Dedicaba muchos ratos a darle vueltas a la cabeza y a orar. Allí se apoyo en un sacerdote franciscano, con el que consultaba continuamente sus cosas. Cuando tenía 20 años, no tenía nada claro y decide sacar su segunda “carrera”, esta vez en Alcalá de Henares. Allí estará seis años dedicado a estudiar teología, Sabía que Dios quería algo de él, pues para qué perder más tiempo, mientras se aclaraba y no se aclaraba donde seguir a Dios a estudiar teología.

UN TIPO QUE ES AMIGO DE SUS AMIGOS

En Alcalá comenzó a rodearse de una buena pandilla. Gente un tanto especial que querían vivir de manera más auténtica, que estaban un poco hartos de cosas que veían en la sociedad del momento y también en la Iglesia de la época. Por ejemplo, un tal Pedro Guerrero, que con el tiempo será obispo de Granada (por cierto, un muy buen obispo), y también conoció a Fernando de Contreras y a un vasco llamado Ignacio, que después liará la más grande fundando una orden religiosa conocida como los Jesuitas. Por aquellos días Juan soñaba y soñaba con viajar a América. Estaba recién descubierta y oía continuamente historias del nuevo continente. Quería montarse en uno de esos barcos, y quería ser misionero.

Durante esos días de estudios en Alcalá, murieron sus padres. Este hecho marcó un cambió enorme en su vida. Juan comienza a tomar unas decisiones fortísimas:  se ordenó de cura, cuando tenía 26 años. Volvió a su pueblo a celebrar su primera misa y a ésta invitó a doce pobres, al banquete de celebración invitó a esos doce pobres. Volvió a su casa y al día siguiente vendió todos sus bienes (hasta la mina de plata) y ese buen dinerito lo dio enteramente a los pobres. Nada tenía. Y llega el momento de irse a América.

Su amigo Fernando sabía que Juan valía muchísimo y quería para él otras cosas. Sabía que España necesitaba gente como él. Fernando habló con el Arzobispo de Sevilla y movió sus hilos para que tuviera Juan una entrevista con él. El Obispo de Sevilla quedó impresionado con este Juan de Ávila, y le convenció para que no viajara a América. Ya era sacerdote y se quedaba en Andalucía.

 

CATEQUESIS 2.- UN CURA BUENO NO, MUY BUENO

MISIONERO DE ANDALUCÍA Y A LA CÁRCEL

Durante algún tiempo continuó el ministerio juntamente con Fernando de Contreras. Pronto se dirigió a predicar y ejercer el ministerio en Écija, Jerez de la Frontera, Palma del Río, Alcalá de Guadaira, Utrera…, juntamente con la labor de confesionario, dirección de almas, arreglo de enemistades. Su presencia en Écija pronto le va a acarrear muchas envidias. Había por aquella época un cura muy famoso en aquel pueblo. Se le conocía por lo bien que hablaba. Era un pez gordo (su cargo era “comisario de bulas”). Sin embargo, un día la gente fue a escuchar a Juan de Ávila y a éste lo dejaron solo. Después de este hecho, el comisario de bulas, en plena calle, propinó una bofetada a Juan. Juan de Ávila se arrodilló y dijo humildemente: <<emparéjeme esta otra mejilla, que más merezco por mis pecados>>. Le tenía toda la manía del mundo y no tuvo otra cosa que denunciarlo ante la Inquisición.

Desde 1531 hasta 1533 Juan de Ávila estuvo procesado por la Inquisición. Las acusaciones eran muy graves en aquellos tiempos, se inventó todo lo que pudo (llamaba mártires a los quemados por herejes, cerraba el cielo a los ricos, no explicaba correctamente el misterio de la Eucaristía, la Virgen había tenido pecado venial, tergiversaba en sentido de la Escritura, era mejor dar limosna que fundar capellanías, la oración mental era mejor que la oración vocal…) Cosas que nunca había dicho Juan de Ávila. Todo menos la verdadera acusación: aquel curilla llamado Juan no les dejaba vivir tranquilos en su cristianismo o en su vida  de curas cómodos. Y Juan fue a la cárcel donde pasó un año entero.

 

DE LA CARCEL A CÓRDOBA

Juan de Ávila no quiso defenderse y lo que hizo fue aprovechar el tiempo hasta que todo se aclarara. En ella escribió un libro –titulado Audi, Filia-, y se dedica a prepararse para su vuelta al mundo con muchos ratos de meditación y de oración. De la cárcel salió un cura mucho más fuerte de lo que ya era.

Con 35 años va a ver al Obispo de Córdoba y ya se quedó vinculado para siempre a esta diócesis. Se recorrió los pueblos de Sierra Morena, que en aquel tiempo estaban muy dejados y alejados, haciendo misiones. Empezó a crear colegios, una Universidad la de Baeza en Jaén, inventó lo que hoy se conocen como “institutos nocturnos” para los campesinos… y su tarea empezó a dar frutos impresionantes. Uno de ellos es el siguiente: en Granada había un soldado de origen portugués con el que se topó. Este escucho al sacerdote Juan y cambiode vida. Se trataba del que conocemos como Juan de Dios, el de los hospitales. O en el funeral de la emperatriz Isabel, un niño rico llamado Borja lo dejó todo –riquezas, puestos y comodidades- y se hizo jesuita. Será uno de esos santos grandes grandes: San Francisco de Borja.

Y EN CÓRDOBA SE DESGASTÓ

Poco a poco hay un buen grupo de curas que se pegan a Juan. Van con él a Córdoba, Baeza,Sevilla, Montilla, Zafra, Fregenal de la Sierra, Priego de Córdoba. Se dedican a recorrer estos sitios removiéndolos y dando a conocer una cosa. QUE SEPAN TODOS QUE NUESTRO DIOS ES AMOR. Nada de juicios inmisericordes, de Iglesia alejada de la gente, de doctrinas difíciles y complicadas, de curas vividores… Se dedican a enseñar, a dar consejos, a ayudar a la gente, a fundación de colegios, a confesar durante horas… El centro de su mensaje era Cristo crucificado. Le fascinaba san Pablo. Predicaba tanto en las iglesias como incluso en las calles. Sus palabras iban directamente a provocar la conversión, la limpieza de corazón. Muchas de sus homilías se conservan hoy.

EN MONTILLA PUSÓ SU CASA Y SU ESCRITORIO

Poco a poco aparecieron los problemas de salud. Si es que no paraba. Se fue a Montilla cuando tenía 54 años y allí se quedó para siempre, en una casita que todavía se conserva. El retiro de Montilla le dio la posibilidad de escribir con calma: cartas, pensamientos, sobre distintos temas… si en otros tiempos se tiró a la calle a no parar de hablar de Dios, ahora no paró de escribir. Las cartas de Juan de Ávila llegaban a todos los rincones de España e incluso a Roma. De todas partes se le pedía consejo. Obispos, santos, personas de gobierno, sacerdotes, personas humildes, enfermos, religiosos y religiosas, eran los destinatarios más frecuentes. Las escribía de un tirón, sin tener tiempo para corregirlas. Llenas de enseñanzas y sabiduría, pensadas intensamente, con un estilo vibrante.

Le consulta gente que a todos nos suenan: santa Teresa, Ignacio de Loyola, Francisco de Borja, Juan de Dios, Pedro de Alcántara, Juan de Ribera, fray Luis de Granada. Casi todos estos llegarán a ser declarados santos. Y es que con sus consejos y la oración por ellos creó casi una escuela de santos.

CURA DE LOS CURAS

Se convirtió en un cura para otros curas. En sus discípulos dejó impresa la ilusión por la vocación sacerdotal, el amor al sacerdocio, llenos de ganas por ser gente de oración, entregados sin reservas al servicio a la Iglesia. Creó una especie de “examen para curas”. Antes de ordenarse tenían que cumplir unos requisitos: tener una vida donde la oración fuera fundamental, que fueran gente llenos de caridad, especialmente con los más necesitados, y que tuvieran conocimientos, de modo que sus enseñanzas no fueran para aburrir a todos.

Ya enfermo en Montilla, quiso ir a celebrar misa a una ermita; por el camino se sintió imposibilitado; el Señor, en figura de peregrino, se le apareció y le animó a llegar hasta la meta.

La estancia definitiva en Montilla fue especialmente fructífera. Dejó una huella imborrable en los sacerdotes de la ciudad. En una de sus últimas celebraciones de la misa le habló un hermoso crucifijo que él veneraba: “perdonados te son tus pecados”. Pero la enfermedad iba pudiendo más que su voluntad.

A principio de mayo de 1569 empeoró gravemente. En medio de fuertes dolores se le oía rezar. Juan de Ávila no hizo testamento, porque dijo que no tenía nada que testar. Pidió que celebraran por él muchas misas. Manifestó el deseo de que su cuerpo fuera enterrado en la iglesia de los jesuitas, y su cuerpo todavía hoy está en Montilla. Murió el 10 de mayo de 1569. Santa Teresa, al enterarse de la muerte de Juan de Ávila, se puso a llorar y, preguntándole la causa, dijo: “Lloro porque pierde la Iglesia de Dios una gran columna”.

 

CATEQUESIS 3.- POR MEDIO DE JUAN DE ÁVILA LLEGAMOS A ALGO GRANDE

SAN JUAN DE ÁVILA HASTA HOY

La persona, los escritos, la obra y los discípulos de Juan de Ávila influirán en los siglos posteriores. Hemos visto los santos y autores que estuvieron relacionados más o menos con san Juan de Ávila; casi todos ellos influenciados por sus escritos, por su persona o por su obra:San Juan de la Cruz, Lope de Vega, San Francisco de Sales, san Alfonso María de Ligorio, san Antonio María Claret,  Fray Luis de Granada etcétera, etcétera y etcétera.

En 1894, el Papa León XIII lo beatifica. Pío XII, en 1946 lo declara Patrono de todos los curas españoles. En 1970 es declarado santo por el Papa Pablo VI. Y en 2012… ahora te lo cuento.

Una iglesia en Montilla, conserva su cuerpo, y la pequeña casa donde vivió sus últimos años san Juan de Ávila es lugar de peregrinación de gente de todo el mundo.

Y en 2012, hace unos días, el Papa Benedicto XVI lo ha declarado Doctor de la Iglesia. Para que nos entendamos se trata de reconocer que este santo es actual, que sus enseñanzas valen para hoy y para siempre, que hay gente en todos los siglos posteriores a su muerte que han encontrado en él un ejemplo, un estimulo y una luz fuerte para sus vidas. Quizás también para ti ha sido así.

Rvdo. Pablo Jesús Garzón García

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