REENCUENTRO CON JESÚS EN CURSILLOS

Hace 3 años el Señor me regaló la oportunidad de hacer mi cursillo, el 1.116 y de revivirlo de alguna forma hace un año cuando hice la cocina del 1.129

Para mí, el cursillo fue un “Reencuentro con el Señor, “un volverme a dejar llenar por Su gracia”, porque justo me pilló en primero de carrera, un año en el que todo a mi alrededor era un constante cambio, por lo que fue un volver a poner a Cristo como roca de mi vida, un pilar al que agarrarme.

Me sirvió para redescubrir esa certeza, de que no importa lo que pase, que como decía Santa Teresa “Solo Dios basta”.

Pero claro, después de esos tres días, en ese pequeño trocito de cielo que es el cursillo, tocaba bajar a la realidad y afrontar esos problemas, esas heridas que seguían siendo las mismas, pero ahora cambiando la mirada y viéndolo todo “De Colores”. Aprendiendo a mirar con el Señor y a confiar en Su Providencia.

Tenía claro que cuando volviese a la vida diaria, no me quería desvincular de Cursillo. Tengo la suerte de tener a mi familia está muy ligada al MCC.

Empezamos un pequeño grupo de “poscursillo” durante el verano, para que no se enfriase este encuentro. Luego la verdad, es que tampoco es que haga muchas peripecias.

God Break en San Pablo

Mi Comunidad está en el Movimiento de Hakuna, donde encontré a un montón de jóvenes con los que vivir mi fe, donde a pesar de nuestras debilidades e inquietudes, todos tenemos claro cuál es nuestro ideal y juntos compartimos todas las semanas un rato de Adoración, que es en realidad lo que nos une, ¡y es muy bonito! porque allí, delante del Señor, es donde se han fraguado mis mejores amistades, así como todas las locuras, que hacemos luego, los retiros, los voluntariados, etc.

Y como también algunos de Hakuna somos de la misma Parroquia, eso hace que vivamos allí esa dimensión comunitaria, que sintamos a la parroquia como nuestra casa, y que hagamos mucha vida juntos; la oración, las misas, el coro, la catequesis, la formación, y todo a lo que el Señor nos quiera llamar.

Al final, es así como descubres la belleza de la Iglesia, ya que vas viendo como el Señor actúa en rostros concretos, en lo cotidiano; pues cuando tú, a lo mejor crees que ya no puedes más, el Señor tira de ti a través de esas personas que te rodean.

María Rivera Gavilán – Cursillo 1.116

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