Los cursillos deben ponerse al servicio de la evangelización»

El cordobés Álvaro Martínez, nuevo presidente nacional de este movimiento

«De mi cursillo me queda una primera experiencia personal, fuerte y clara, de la presencia y la cercanía de Dios». Quien así habla es Álvaro Martínez Moreno, profesor de la Universidad de Córdoba y hasta ahora delegado diocesano de Cursillos de Cristiandad. Hace unos días fue elegido presidente nacional de este movimiento religioso, que aglutina a varios miles de cristianos que viven su experiencia de la fe desde su peculiar carisma.

«Creo haber aprendido —declaró a ABC Córdoba— que todos los movimientos tienen el mismo apellido y distinto nombre. Todos somos de la misma familia. Y todos tenemos algo específico que poner en común». Esta idea de eclesialidad, de formar parte de la Iglesia, es en efecto uno de los rasgos que más se aprecian en los cursillistas.

El fundador

El movimiento de Cursillos de Cristiandad está sólidamente asentado en España, aunque se extiende también por varios países de Europa y América. «En España —informa su nuevo responsable nacional— ha habido ya más de 6.000 cursillos, con una asistencia media de entre veinte y veinticinco personas; sólo en Córdoba se han celebrado ya 1.022», lo que habla de la importancia de la diócesis en este movimiento, dado que aquí vivió muchos años el canónigo mallorquín Juan Capó Bosch.

Antes que él, otro prestigioso cursillista de Córdoba, Cándido Rodríguez Moreno, fue presidente nacional de Cursillos: «Cándido aportó un importante impulso por renovar el Movimiento, recuperando el impulso de los comienzo y haciendo frente a los nuevos retos que la sociedad y las personas iban planteando», reconoce agradecido el nuevo presidente.

Precisamente esos retos de la sociedad han generado en el laicado, según Álvaro Martínez Moreno, «un momento difícil, pero también una ocasión en la que se está tomando una mayor conciencia de lo que realmente supone vivir como laico hoy, de la necesidad de la formación, de la responsabilidad en la Iglesia y en la sociedad».

Y como respuesta a esta situación, el nuevo presidente —una vez haya sido aprobada su elección por la Conferencia Episcopal— iniciará su mandato «con una idea muy clara: estamos en un momento clave, en el que el novimiento tiene que ser capaz de poner todo su potencial al servicio de la nueva evangelización».

A. V. / CÓRDOBA
Día 21/06/2013
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