Comienza el curso dejando que el Espíritu sople fuerte

Septiembre huele a cuadernos nuevos, a agendas por estrenar, a promesas que hacemos con ilusión: “este año sí voy a organizarme mejor”, “voy a cuidar más mi tiempo con Dios”, “voy a implicarme más en la parroquia”.

En la vida de fe pasa algo parecido. Al comenzar un nuevo curso pastoral, el Espíritu Santo nos invita a abrir las ventanas del alma y dejar que entre aire fresco. No se trata solo de retomar reuniones o actividades, sino de dejar que Él haga algo nuevo en nosotros.

El profeta Isaías nos recuerda: “«No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis??” (Is 43,18). Esa novedad no siempre es espectacular; a veces se trata de una reconciliación pendiente, de un pequeño gesto de servicio o de un compromiso que vuelve a ilusionarnos.

En el MCC sabemos que no podemos caminar solos. El curso es una oportunidad para volver a sentirnos comunidad, para renovar la amistad que nos une en Cristo y para soñar juntos con lo que podemos hacer por la Iglesia y el mundo.

Te propongo algo concreto: antes de que termine este mes, siéntate un rato en silencio y pregúntale al Señor: “¿Qué quieres de mí en este curso?”. Anota lo que venga a tu corazón y preséntaselo en oración. Quizá Él te pida dar un paso de fe, reconciliarte con alguien, sumarte a un nuevo servicio o simplemente vivir con más alegría lo que ya haces.

Dejemos que el Espíritu sople fuerte en nuestras vidas. No tengamos miedo de lo que pueda mover o cambiar. Como en un nuevo viaje, lo importante es estar dispuestos a salir, confiando en que Él nos llevará más lejos de lo que imaginamos.

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