¡No tened miedo, abrid las puertas a Cristo!
Hace ya algunos años, cuando subimos a hacer nuestro Cursillo de Cristiandad, fue el Señor quien lo quiso, porque me lo dijeron muchas veces, pero siempre decía que no, y mira por donde, no subí sola sino que tuve la gran suerte de subir con mi marido y poder hacerlo los dos. La experiencia fue maravillosa. No hubiéramos podido decir con palabras lo que allí sentimos; por eso, desde entonces y hasta hoy, compartimos la misma felicidad y animo…
