El MCC de Córdoba celebró su Vía Crucis cuaresmal el pasado 24 de marzo en sus tres sedes: Sierra, Campiña y Córdoba capital. La participación fue muy numerosa, destacando también la gran concurrencia en las distintas sedes.
En la sede de Córdoba, la Casa de San Pablo, se estrenó un nuevo recorrido de la Vía Dolorosa, con representaciones en azulejos de las estaciones del Vía Crucis. Cada estación fue rezada y meditada con profunda devoción por los asistentes.
Los cursillistas caminaron con fe junto a Jesús, desde el Pretorio de Pilatos hasta el Calvario, siendo testigos de su amor y entrega, así como del dolor de su Madre, la Virgen María, y del consuelo de quienes permanecieron a su lado. Los presentes acompañaron a Jesús porque, desde su encuentro personal con Él, sienten su amor y viven sin miedo a las caídas, con la certeza de que nunca les abandonará y de que ha alcanzado para ellos el triunfo de la Resurrección.
Las reflexiones de cada estación, conectadas con nuestra vida cotidiana, han reafirmado nuestra convicción sobre el amor de Dios: un amor llevado hasta el extremo, que no depende de que seamos mejores o peores. Él nos ama gratuitamente, sin condiciones, incluso sin tener en cuenta si nosotros le amamos o no. Por ello, en momentos de oración como este, es fundamental reconocer hasta qué punto nos ama Dios: un amor que nos impulsa a transformar el mundo con nuestras vidas. Dejarnos transformar por Él cambia nuestra manera de amar y de vivir, y nos convierte en sus discípulos, para que el mundo pueda decir: “Mirad cómo se aman”.
Dios hecho hombre nos muestra, en su Pasión, que conoce todos nuestros sufrimientos, porque los ha vivido. Por eso merece la pena ofrecerle nuestros propios “vía crucis” cotidianos, nuestro pequeño amor que Él se empeña en multiplicar cada día, derramando su gracia sobre nosotros para hacernos crecer en fraternidad, servicio, perdón y amor al prójimo.
¡Cristo vive! Vivamos con Él para siempre.

